miércoles, 24 de diciembre de 2014

A todo Louvre

París, 27 de enero de 2014

El último día en París lo dedicamos al Louvre, como habíamos planeado. Como sabe todo el mundo, el Louvre es un museo inabarcable, enorme. Sus tres pabellones, los millares de turistas... un museo masivo y popular como muchos de sus tesoros. 

Las famosas priámides de cristal en el patio central del Louvre

Seguimos casi todos los consejos que suelen darse para una visita express: llegar temprano, tener en mente algunas piezas imperdibles (La Gioconda, la Venus de Milo, el código de Hamurabi) y hacerse a la idea de que todo no se puede ver. 


El código de Hamurabi, un imperdible del Louvre

En efecto, llega un momento que te cansas de caminar, confundís griegos con renacentistas y sumerios con etruscos... son muchas escaleras, muchos pasillos y también, mucha gente, sobre todo, pasado el mediodía.

La Venus de Milo rodeada de pequeños estudiantes

Por supuesto, ni bien llegamos, fuimos directo a La Gioconda, faltandole en respeto a Boticceli y a Rafael, diría. Pero el espectáculo de la gente amuchada para ver pequeña pintura de Da Vinci, tras dos vidrios, una valla de acero y una cinta de seguridad es sorprendente. 

La Gioconda, Pop Star del Louvre

Muchos se sacan autofotos junto a ella, como si setratara de una pop star. Hasta te dan pena las otras pinturas de la sala, que aparecen como unpibre relleno puesto que nadie las mira. Me pregunto si la obra será la orginal, como se sabe, hay un historial de robos en la historia de este cuadro y mucho antes incluso del best seller de "El código Da Vinci", por mi parte, creo que da igual de que sea el original o no... la distancia es mucha, el cuadro es pequeño y el vidrio refleja demasiado... en fin.

A medida que te vas alejando de la Gioconda, las multitudes desaparecen, y las salas se vuelven más solitarias, incluso desoladas. Tiende a haber más gente en las salas dedicadas a los tiempos antiguos, especialmente la egipcia. Griegos y romanos, tienen tambien su público... pero muchas otras salas te dan tiempo para sentarte plácidamente a mirar detalles, con mucha calma.

Las tres gracias
Solo me restan contar dos detalles de nuestra visita al Luovre. Uno interesante desde el punto de vista pedagógico o y otro bizarro. El primrro, es que vimos muchos grupos de estudiantes de casi todos las edades. Desde muy pequeños, hasta adultos mayores, por no decir ancianos. Los más chiquitos, de entre 8 y 10 años, completaban individualmente guias fotocopiadas, en las que tenian algunas imágenes que les permitían identificar las obras. Solo un grupo, de niños quiza aun mas pequeños, dialogaba con un maestro haciendo preguntas sobre antiguo egipto. Todos los demás solo tomaban apuntes o se distraian mientras el profesor exponía magistralmente.. o no tan magistralmte, espiando sus propios apuntes.

La anécdota bizarra es que mi hijo de 15 años dice haber visto una laucha en el sector de comidas rápidas mientras esperabamos el pedido. El bicho habría huido hacia la parte inferior de una de las estructuras de madera pintada de verde que oficiaba de adorno vistoso. Si bien no pudo probarlo dado que no llegó a tiempo para sacarle una foto con el celular, no seria tan extraño, ya que nos contaron que hay ratas en el mismisimo Crillon... lo cual si esta testimoniado por la reciente clausura del hotel y las quejas en Trip Advisor!

De todas formas, debo decir que pese a la supuesta laucha no documentada, disfrutamos la visita... uno acaba bastante cansado pero con la satisfacción de haber visto de cerca la trama de la historia en su versión mas bella y sublime.

Saliendo del Lovre decidmos hacer una caminata para despedirnos de Paris. Fuimos hasta la Opera de Paris, que de ninguna forma nos pareció más bonita que el Cólon de Buenos Aires.

Opera de París

Luego regresamos al Jardin des tulieries para sacar a la distnancia algunas fotos de la Torre Eiffel ya que se había despejado un poco, caminamos por la plaza de la Concorde hasta Champs Elisse, para ver algunas vidrieras y probar los macarone de pistacho... por cierto, deliciosamte empalagosos.


Volvimos al hotel con el metro, sintiendo que justo nos íbamos cuando empezamos a entender un poco más la lógica afrancesada...

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