viernes, 2 de agosto de 2019

It’s my birthday

Orlando, 19 de enero
El plan para el 19 fue visitar Disney Hollywood Studios. Habíamos calculado que por ser sábado habría mucha gente, así que nos armamos de paciencia. Como era mi cumpleaños, lo primero que hice es conseguir mi pin de “It’s my birthday”, lo cual fue muy divertido.
— Happy birthdaaay!
— Thank youuuu!




Nunca me saludaron tantas veces en mi vida. También fue awesome ver que había mucha gente que también estaba de cumpleaños. Bueno, técnicamente uno de cada 365 visitantes del parque. Y por cierto, había mucha gente.

Esta era la cuarta vez que visitaba el parque. La primera vez, fue en 1989, al día siguiente de su inauguración. Me acordé cuando ví sobre una baldosa del clon del teatro chino manos y pies de Mickey y la fecha: 1 de mayo de 1989. Desde entonces ví muchos cambios. Por empezar, se llamaba Disney MGM Studios y estaba mucho más orientada a mostrar la industria de la animación si mal no recuerdo. Y según lo que creo recordar el Show de Indiana Jones, al estilo de las visitas a Universal en Los Ángeles, se mantiene desde entonces (y sigue siendo efectivo). El famoso ascensor del terror (en rigor, The Twilight Zone Tower of Terror, que también está en California) me pareció menos tremendo esta vez que las anteriores… quizá porque subimos al final del día, después de haber subido a la Rock'n' Roller Coaster  (la de Aerosmith) que acelera de 0 a 100 kilómetros en tres segundos (o sea cinco veces las fuerza de gravedad) que una de las cosas más fuertes que sentí en mi vida. De hecho, fue a la primera atracción que subimos ni bien abrió el parque… porque como no teníamos Fast Pass… Y debo contar que fue una situación muy bizarra. Ni bien abrió el parque, éramos varias decenas de personas caminando en grupo como al inicio de una maratón. Un anfitrión de Disney parado en primera línea caminaba hacia atrás para evitar que fuéramos en avalancha hacia la atracción. Así y todo llegamos primeros… subimos al primer carrito. Para mi gusto no fue lo ideal, porque no vimos el show previo de tres minutos que que le daba argumento a la montaña rusa… pero bueno. Era eso u 80 minutos de cola.


Pero la gran estrella del parque es la nueva Toy Story Land (con algunas similitudes con la Cars Land que habíamos visto en California Adventure). Explotaba de gente. Diseñada como si fuera el jardín de Andy, todo se ve desde la altura de los juguetes de modo tal que los visitantes estamos a la escala de los soldaditos verdes. Merece especial mención la montaña rusa, que está ambientada como si fuera un proyecto de juego de Andy.

Esa noche, vimos finalmente el espectáculo de cierre Fantasmagoric, una versión más del Parade pero con efectos especiales basados en proyección sobre el agua y fuego. El espectáculo es imponente y el auditorio es enorme. Literalmente, todo el parque ingresa en un anfiteatro masivo para ver los pases de magia de Mickey Mouse y un desfile de personajes en barcos.
La salida fue en caravana, también. Por suerte no habíamos dejado el auto demasiado lejos (fue buena inversión ambos días pagar por estacionamiento preferencial, porque quedamos agotados).

De allí, dado que era mi cumpleaños, nos fuimos a Disney Springs (que antes era Disney Downtown) y cenamos, reserva previa, en Planet Hollywood. Comimos unos Nachos espectaculares y, como todos los cumpleañeros en el restaurant, tuve mi felicitación en pantalla gigante.

viernes, 5 de julio de 2019

Ocho cosas nuevas que contar de Magic Kingdom

Orlando, 18 de enero de 2019
A Orlando llegamos de noche. Me sorprendió el aeropuerto. La última vez que había estado en ese aeropuerto había sido en 1996 y me había parecido bastante mínimo. Pero se ve que fueron muchos años. Nos resultó gracioso el estilo Las Vegas, las luces, las palmeras… fuimos derecho a buscar el auto de alquiler. No había demasiada gente y tampoco hacía demasiado calor. Hasta podría decirse que estaba fresco. Programamos el gps y nos pusimos a buscar el hotel. Estaríamos en un complejo resort del Sheraton donde habíamos reservado un apart. Lo encontramos bastante fácil. El resort era enorme, a la escala del turismo monstruoso y masivo de la Florida pero casi no pudimos verlo. Estábamos cansados y más vale recuperarnos para los dos días a todo Disney que habíamos planeado.
Fantasyland
El 18 nos levantamos temprano para visitar Magic Kingdom. ¿Qué decir de Disney que ya no esté dicho? Suelo contar cuantas veces visité Disney y esta era mi séptima vez. Cada vez es más grande y hay más gente. ¿Qué cosas diferentes puedo contar?

  1. La App para reservar Fast Pass y organizar el recorrido calculando tiempos de espera en cada caso funciona bastante bien y es una manera de tomar decisiones inteligentes para aprovechar la estadía. 
  2. El ingreso se registra por tarjeta chip (también te podés comprar una pulsera con un cargo adicional) y también a través de una huella digital. Bueno, el segundo día yo tuve algún problema para que me reconociera el sistema y tuvo que venir un supervisor a ver qué pasaba.. pero bueno, todo puede fallar.
  3. La atracción Seven Dwarfs Mine Train es linda. Perocomo no teníamos Fast Pass hicimos casi dos horas de cola y nos predispuso muy mal. Igual, la espera, como siempre, tiene sus atractivos, pero fue demasiado tiempo. No tiene tanta velocidad como otras pero incluye algunas caídas rápidas. La ambientación es muy nueva y se nota la tecnología moderna frente a otra atracciones que ya tienen sus años.
  4. La Splash Mountain sigue siendo una gran atracción y sigue siendo “fuerte” aún cuando pasaron bastantes años.
  5. La Space Mountain no estaba muy oscura. Fue rarísimo. Se veían los rieles de la montaña rusa. 
  6. La Thunder Mountain es mucho más light que la de California. De hecho, varias atracciones nos dejaron la misma sensación. Nos preguntamos si es que Disney World está más desarrollado para incluir a chicos más chiquitos o… simplemente, es que uno se va a acostumbrando a los estímulos.
  7. Los juegos interactivos van ganando terreno. Monster Inc. Laugh Floor va en ese sentido y parece funcionar muy bien.
  8. El cierre, con el mapping del castillo, es imponente. Muy imponente.
    Mapping sobre el castilo en el cierre
En síntesis: Esta lleno de gente que dice que los parques de Disney son una cagada, que no hay que ir porque Chernobyl cultural, etc, etc. No comparto esta opinión. Por algo uno vuelve. Lo de la magia, no es joda. Hay que saberse los trucos. Y ya lo creo que lo logran.

jueves, 4 de julio de 2019

Puesta de sol en Salem

Boston, 17 de enero
Amaneció brillante y azul. Las pistas desde nuestra habitación se veían gloriosas. No es fácil irse un día así. Nos levantamos temprano dada la inercia de la rutina del esquí que todavía tenía cierto arrastre y desayunamos piponamente por la misma causa. Pero teníamos que irnos. Ya habíamos dejado las valijas preparadas, así que metimos todo adentro del auto y salimos en dirección a Boston por el mismo camino por el que habíamos llegado. Había una nueva capa de nieve fresca sobre el hielo de seis días acumulados. Las casitas de madera, los arroyos semicongelados. Hermoso todo. Me da imaginar como será todo esto en verano. Quizá otro tipo de turismo. Otros colores. Otras formas.
Llegamos a Woodstock. La ruta pasa por el medio del pueblo que parece sacado de una serie norteamericana. Me encantan esas casitas de madera, tan bonitas, tan Nueva inglaterra. Es todo tan dibujado que parece una maqueta, un escenario montado para mirarlo y disfrutarlo. La nieve de los alrededores comenzó a desaparecer y cerca del medio día, quizá a mitad de camino, paramos a comer en un Apple Bee, creo que mi cadena preferida por estos años. No sé bien donde estábamos pero era una de esas típicas rotondas americanas en el medio de la nada donde hay de todo. Y siempre hay gente, también. Autos y estacionamientos para autos. Lugares bien gringos donde te atiende una recepcionista añosa y activa que deja pensando sobre la gente mayor que en EEUU sigue trabajando en el trabajo que en Argentina solo tendría un adolescente. No teorizamos mucho sobre las razones de esta cuestión pero pensamos en qué difierente es la vida en EEUU. Llevamos seis años viajando todos los años en vacaciones y recorrimos bastante. ¿Cómo será la vida en estos pueblos? Uno puede imaginar la vida en Boston, en Nueva York, en Los Angeles… porque no será muy diferente de la vida en Buenos Aires. Pero estos pueblos parecen demasiado diferentes a los pueblos de otras partes que conocemos. Son pueblos pero hay de todo y están ceca de todo ¿lo están? A la vez, parecen detenidos en otro tiempo. Me pregunto si hubiera podido adaptarme a vivir acá. ¿Cómo hubiera sido nuestra vida? ¿En que lugar estaríamos? Conozco mucha más gente que fue y volvió que gente que se quedó. Nos encanta EEUU. Pero nos encanta porque es un touch and go. Me hubiera gustado estudiar aquí ¡y como! Pero no sé si a la larga no hubiese vuelto, también. Y discutiendo estas cosas no llegamos a ninguna conclusión, pero si llegamos a Boston. Lo dejamos a mi hijo que ya se volvía para Buenos Aires. Nosotros nos quedaríamos un par de días más. Aprovechamos que nuestro vuelo salía a la noche para dar una vuelta por Salem, a unos 40 minutos de auto.

Salem

Postal de Salem
Lamentablemente el museo de Salem, que vimos que tenía referencias excelentes en Trip Advisor, estaba cerrado los días de semana por mantenimiento.

Salem es pintoresca, tiene todas las marcas de Nueva Inglaterra y sabe explotar muy bien la cosa temática de las brujas, al menos en lo poco que pudimos ver. Pero más allá de la estética brujeril, la cuestión de Salem está muy al día en los tiempos que corren de escraches coletivos y atropellos patéticos a las libertades individuales.

Vidriera en Salem
Igual, lo que domina en Salem no pasa por ahi, la onda creepy es lo que se vende como encanto turístico: bares temáticos, tiendas con objetos esotéricos e irracionales, tarot, quiromancia… quizá el museo aborde la cosa con más seriedad. Nos quedará la duda hasta que alguna otra vez podamos visitarlo. 

Cementerio de Salem
Hay un memorial bordeando un cementerio de lápidas anónimas por la erosión de la piedra. En el memorial, sí, estaban tallados algunos nombres históricos de las famosas ejecuciones. Y había ofrendas en junto algunos nombres. Nada de flores tradicionales, sino ataditos de ramas bastante embrujados.

Ofrendas
No tuvimos mucho tiempo para ver algo más, ya teníamos que volver al aeropuerto. Así que vimos la puesta de sol entre las casitas de madera hasta enredarnos en la turba de pasajeros atascada en las cintas de seguridad. Con el tema de shut down todo parece enquilombado. Cuando pasó mi bolso, el sistema lo apartó para el control manual. El policía empezó a sacar las cosas de mi bolso. Lo primero que sacó es un libro que tiene en la tapa un talibán. Es que estoy leyendo sobre algunas cosas de nuestra vida en Turkmenistán. Por un momento pensé que se me venía la noche. Pero no. El problema era mi ebook, que no lo había separado y saltó en los rayos x…

La espera fue larga y aburrida. El vuelo, repleto. En EEUU los vuelos en avión son como viajar en subte.

martes, 30 de abril de 2019

Diario de una esquiadora intermedia

Killington, 16 de enero de 2019
Hoy fue el último día de esquí. La pasamos lindo y por primera vez esquiamos todos los días. Los primeros dos días hizo mucho frío, quizá unos 20 bajo cero y eso se siente fuerte. Son como diez mil cuchillos finitos que te punzan la piel y que incluso pueden atravesar las capas de ropa no demasiado técnica. Estamos bien equipados, pero igual, por debajo de los diez grados bajo cero, no hay calentador térmico de manos que alcance. Después el tiempo se puso más benigno, y tras la nevada de la noche inicial y el trabajo estratégico de los snowmakers, la montaña podía disfrutarse a pleno en todas sus variantes. Supongo que por eso siempre volvemos. Acá casi no hay argentinos, rara vez nos cruzamos con alguno. Las charlas de aerosilla son siempre iguales. Te preguntan de donde sos. Cuando les decís que de Buenos Aires, te preguntan si no hay centros de esquí. Les explicas que hay en la Patagonia, la mayoría no tienen mucha idea. Alguna vez nos pasó de alguien que conocía Las Leñas, pero no este año. Te dicen que ya que venís de tan lejos, mejor ir a Colorado o a Utah. Killington les parece un centro modesto, con poca nieve, una opción para gente que vive en New York o en Boston… a mi me gusta explicar que me gusta de Killington es que no es muy alto, porque justamente los centros en las montañas de Argentina y Chile están muy altos, hay que aclimatarse a la altura, al viento… a la piedra y la falta de vegetación. Lo digo con la patriótica intención de esquivar hablar mal de Argentina. Pero la verdad es que el problema es que en los centros de Argentina no hay snowmakers, con lo cual, la calidad de la nieve es una lotería… sí, incluso en Las Leñas: digamos todo.


Vegetación en los picos

El standard americano es elevado. Se quejan de que las pistas tienen hielo. Nosotros aprendimos a esquiar en el hielo, les digo a los gringos riéndome. Te ganás el respeto: con nieve en polvo, esquía cualquiera. Dudo que puedan imaginarse las condiciones de las pistas de aprendizaje de Cerro Bayo en plena temporada. Pero las experiencias extremas tienen su parte buena: la verdad es que nada nos asusta. No somos grandes esquiadores, por supuesto, pero estamos acostumbrados a la cosa rústica… en las pistas, en los medios, en las condiciones de seguridad… por eso en Killington nos animamos a mucho más...
Snowmakers
Hoy estuvo nublado. Empezó a nevar pasado el mediodía. Había poca visibilidad y me acordé de tantas bajadas en en Caviahue en medio del viento blanco. A lo mejor hasta me dió un poco de nostalgia y quizá amerite una escapada durante el año. De ser así, este blog tendrá el reporte de rigor.
De las novedades de esta temporada, podemos decir que colocaron una silla bubble. Si bien no es novedad el concepto porque un par de años atrás habíamos visto que en Okemo había de este tipo, es la primera vez que usamos una. El concepto es más que básico: una cúpula de acrílico que se cierra sobre la silla para frenar el viento ¡si habré soñado esto en las ventosas subidas de la silla Pehuén en Caviahue! Esta última jornada de viento blanco fue más que bienvenido el truco. Porque la bubble tiene la ventaja de la góndola (en términos de confort climático) y la de la silla (porque no hay que sacarse los esquies para subir). La otra innovación de la temporada fue una silla nueva (la South Ridge). En realidad parece que venía a restaurar una vieja aerosilla que en su momento desmantelaron… pero una nevada descomunal en noviembre retrasó las obras… y todavía estaban trabajando. También reemplazaron las cabinas de la góndola a Killington Peak…

Bubble Chair
Para mí fue una buena temporada. Me animé a más. Quizá porque me alquilé tablas un toque más cortas y eso, paradójicamente, me dio más estabilidad y me ayudó a arriesgarme un cachito más a la velocidad. Igual, mi experiencia con los bumps dejó bastante que desear. Me la pegué dos veces en Superstar.

Ya se hizo de noche ahora. Mañana nos vamos. Cuesta siempre despedirse de Vermont.

Nieve en las pistas de Killington

jueves, 31 de enero de 2019

Esto con Obama no pasaba

Killington 12 de enero, 2019
Hace quince años que esquiamos. Aprendimos de grandes nosotros. Yo tenía 35 y fue en Cerro Bayo, en Villa la Angostura. Mis hijos eran re chiquitos. La nena tenía cuatro y el varón seis. Como sera que ellos ya casi no se acuerdan de la primera vez que se pusieron los esquíes. En cambio para mi, fue todo un animarse a algo arriesgado… ¿desafío? Y sí. Muchos problemas que superar: la indumentaria infumable, los movimientos anti intuitivos (¿Qué es eso de tirarte para adelante sobre la pendiente para controlar la velocidad y hacia atrás para acelarar?), el viento, los instructores, las colas en los medios… ¿Qué más puedo contar de una semana de esquí que no haya contado ya? Este es el cuarto año que venimos a Killington. Nos gusta porque tiene pistas largas para esquiadores intermedios, cosa que es bastante difícil de encontrar en Argentina, donde los centros de esquí (o al menos los que conocemos nosotros) están hechos para gente bastante joven o veteranos muy expertos o con tendencias suicidas. Aca la juventud puede pasarla bien, pero hay todo otro público, como nosotros, que también se siente incluído.

Este año viajamos por Delta. Al llegar al hub de Atlanta nos queríamos morir: la cola en migraciones era descomunal. En chiste yo dije: esto con Obama no pasaba… pero parece que algo tenía que ver con la gestión Trump y el shut down. Parece que los empleados federales no habían cobrado el sueldo y por eso mucha gente había pedido licencia. Al lado de la cola había unos argentinos que iban a Orlando. Eran de Catamarca, hacía como dos días que estaban viajando. Por mucho menos en Argentina armamos un quilombo descomunal, les dije con la intención patética de buscar una mirada de complicidad. Porque estábamos en EEUU y nos la bancábamos calladitos, calladitos. Una empleada nos dijo que las máquinas no funcionaban porque había habido mucho fraude… igual, nos llamó la atención la calma con la que se la tomaban los tipos de migraciones y que no nos tomó las huellas. El tema es que perdimos el avión con conexión a Boston. Por suerte, los empleados de Delta sí fueron muy eficientes y rápidamente te iban acomodando en el vuelo siguiente así que, aunque un par de horas más tarde, llegamos a Boston el día que teníamos previsto para recoger nuestro auto de alquiler en Hertz y manejar hasta Vermont.

El hotel sigue lindo como siempre. Ni muy berreta ni demasiado lujoso. Confortable y práctico. De montaña. Pero de Green Mountains. De Vermont. De madera de Nueva Inglaterra. Pasamos bastante tiempo en el hotel, porque después del día de esquí casí no queda sol. Vermont es recontra al norte. La otra noche pusimos la televisión. Fue un solo día y estaban dale que dale con el shut down, con los riesgos para la seguridad, con los testimonios de los que no habían cobrado el sueldo y… bueno. Esa noche no podía dormir. Era un hecho que me afectaba que se insinuaran problemas de seguridad en los aeropuertos. Así que decidí que la televisión no se prendía más. Igual, me saltaban noticias por Internet. Pero no las leía. Habíamos ido a esquiar, a fin de cuentas.

lunes, 28 de enero de 2019

Último día tucumano

San Miguel de Tucumán, 18 de noviembre

Selva Tucumana
El día amaneció lluvioso. Tomamos la ruta 307 después de desayunar camino a la ciudad de Tucumán. Nos sumergimos en la selva tucumana amenazada de brumas y lluvias intermitentes. Hay que mantener tanto verde. Cada tanto parábamos a sacar fotos, además íbamos despacio, con cuidado… había mucho tráfico en sentido a Tafí.

De regreso por la ruta 38
Al salir de la selva tomamos la ruta 38 en dirección a Famaillá. Después entramos a Lules. Yo recordaba que era la ciudad de Palito Ortega. Los sábados, cuando era chica, yo siempre veía sus películas. Me acuerdo mucho de “Yo tengo fe”, que era medio autobiográfica porque contaba su vida en el pueblo desde que se tomó el tren para ir a Buenos Aires.
Estación de Lules
Fuimos hasta la estación y miramos un poco. Es una ciudad chiquita. En los alrededores se ve bastante pobreza. Vemos un carro arrastrado por una moto. Hay muchas motos. Me quedé pensando que estos pueblos del interior profundo las motos quizá son una reencarnación los caballos. Las motos son una manera diferente de concebir la movilidad. No son autos, tampoco son bicicletas motorizadas… son caballos.
Desde el interior de la Casa Histórica
Murales de Lola Mora
Ahí muy cerca ya, llegamos a San Miguel de Tucumán. No es una ciudad que enamore, en particular. Esperaba ver más naranjos. A lo mejor, todavía no estaban con frutos. Fuimos a visitar la casa histórica. No nos pareció muy a la altura de su significado histórico. Un poco venida a menos, digamos. Estábamos viendo una especie de infografía interactiva… y justo que cortó la luz. Entonces salimos a los patios. Quizá lo más interesante (y que realmente vale la pena) sean los murales de Lola Mora que fueron hechos por encargo de Roca.
Después buscamos un restaurante para comer empanadas, tamales y cayote con nuez. A la tarde subimos al cerro, donde parece estar lo más lindo de la ciudad. La selva es hermosa, pero el camino es para tomarlo con cuidado. Nos pasó un Porsche a los pedos. Uno no sabe bien qué pensar de los contrastes norteños que se ven al pasar.
Cristo de San Javier
Después de muchos recovecos, llegamos al Cristo de San Javier. Junto  a la estatua hay un centro de interpretación donde se cuenta, infografías mediante, algunas cosas sobre el área de San Javier cuya construcción había empezado a principios del siglo XX con proyectos medio ambiciosos como la ciudad universitaria que finalmente nunca se realizaron. Y también algunas curiosidades sobre el camino de subida el cerro, como la trayectoria de “El rulo” una vuelta bastante retorcida necesaria para subir por la que pasamos de ida y de vuelta. La vista desde San Javier es linda, aunque hubieramos esperado más oferta gastronómica… tampoco nos pareció muy cuidado el entorno. Un poco de basura aquí y allá, realmente, una pena.
Vista de San Miguel del Tucumán desde el Cerro San Javier
Avanzamos un poco antes de bajar. Quisimos conocer la cascada del río Nosqsue, pero por las lluvias estaba anegada y un guardia nos recomendó no bajar.  Entonces decidimos volver. De regreso pasamos por la zona de Yerba Buena, aparentemente, un barrio muy elegante.
Menhir en el jardín de la
Casa de Gobierno
Ya de vuelta en la ciudad, caminamos por la zona histórica, entramos a la Catedral y vimos algunos edificios emblemáticos. La casa de gobierno nos pareció muy imponente incluso más linda que la Casa Rosada. Finalmente nos quedamos a tomar un café frente a  la basílica de nuestra señora de la Merced. Por la noche saldríamos a cenar con unos amigos. A la mañana siguiente, nuestro avión volvía, muy temprano, para Buenos Aires. Así que el viaje, comenzó su cuenta regresiva.

domingo, 27 de enero de 2019

El camino a la Ciudad Sagrada

Tafí del Valle,17 de noviembre de 2018
Nos despertamos muy temprano con la noticia de que habían encontrado el ARA San Juan. Eran como las seis de la mañana pero en la ansiedad de saber qué había pasado no pudimos volver a dormir. Como el plan era ese día visitar las ruinas de Quilmes nos fuimos a desayunar mientras nos poníamos al tanto de las noticias. El desayuno de la hostería nos gustó. Sencillo pero rico. Estaba medio nublado…  si llovía se nos iba a complicar la excursión.

En la ruta

Tomamos la ruta 307 camino a Amaicha. Vimos  algunos autos y micros de dos pisos que daban bastante miedo en las curvas. Al rato nos dimos cuenta de cierto cambio en el panorama meteorológico: había despejado bastante. Pensamos que los pronósticos se equivocan mucho, por suerte, a nuestro favor.
El Infiernillo
En El infiernillo, que es un alto en el viaje, nos encontramos con una panorámica contundente por lo que paramos para sacar fotos. También hay un puñadito de tiendas con artesanías regionales. Me compré un bolsito étnico multicolor a buen precio. Eso sí, solo efectivo. Había dos llamas a modo decorativo y nos miraban. No creo que fuera nada personal, estaban ahí para poner cara de llamas y dejarse sacar fotos con los turistas.
Dejamos una propina en un chanchito de barro. Un local nos señaló una buena foto en el punto panorámico, es que aparecen los primeros cóndores. El horizonte era verde imponente y recortaba la silueta de las montañas con cierta mística.

Valía la pena quedarse colgado mirando a la distancia… estaba fresco. Habíamos hecho bien en ponernos los polars antes de bajar. Al salir de Él Infiernillo, pasamos por las cumbres Calchaquíes. A medida que avanzamos un ejército de cardones avanzaba glorioso levantando el estandarte de una landmark.
Los cardones se veían gordos y hermosos. La mayoría con brotes asimétricos a los que les faltaba poco y nada para ser flores. Algunos tenían muchos brazos enormes. Un cartel de la ruta presentaba a uno de ellos como el cardón abuelo. Un grupo de turistas paró justo ahí a sacarse fotos con el super cardón. Más adelante había una escuela que se llamaba Manuela Pedraza.
Escuela Manuela Pedraza con Paneles Solares en el techo
Nos llamaron la atención los paneles solares sobre el tejado. Pasamos también por un observatorio astronómico, o mejor dijo, la entrada. El observatorio, tomamos nota, quedaba hacia arriba de la montaña, sobre la ladera derecha. Tomamos nota, a la vuelta, si teníamos tiempos, iríamos a ver qué onda. Después llegamos a Amaicha pero seguimos directo a Quilmes. El camino de ingreso al sitio arqueológico es de ripio pero son muy pocos kilómetros, apenas un desvío. Me llamaron la atención algunos pequeños cúmulos de piedra en las banquinas. Luego supe que esos montoncitos se llaman apachetas y están relacionadas con el culto a la Pachamama.
Las ruinas de Quilmes están bastante restauradas. Se nota el esfuerzo por hacer rendir el yacimiento arqueológico con fines turísticos. En primer lugar, el nombre: Ciudad Sagrada de Quilmes. En segundo lugar, el centro de interpretación, está muy bien hecho, al estilo yanqui. Con material audiovisual y un guión épico y emotivo destacando el espíritu de libertad de los Quilmes, primero resistencia al Inca y luego a los Españoles. También presentan con atractivo cool el culto a la Pachamama. Ya fuera del centro de interpretación, un guía explica con mayor rigor histórico algunos detalles. Por ejemplo, que las viviendas ubicadas a mayor altura se correspondían con un mayor estrato social dentro de la comunidad.
El camino de ascenso a la Ciudad Sagrada de Quilmes
En la cima el consejo de sabios y caciques, eran los que mayor poder tenían. Las ruinas están reconstruidas en un 10 por ciento. Subimos el Pucará Sur hasta el atalaya. No llegamos hasta el último, pero igual, fue bastante alto. La visa desde arriba es imponente. Vale la pena ver el laberinto de paredes de piedras hacia abajo, interrumpido solo un cachito por cardones y apachetas. Levantando la vista, las cumbres Calchaquíes regadas del verde descolorido del mediodía. Sí, demasiada luz. Y demasiado calor.
Vista de la Ciudad Sagrada de Quilmes desde la cima. En el horizonte, las Cumbres Calchaquíes.
Nos estábamos deshidratando, así que comenzamos a bajar y fuimos arrancando para Amaicha. Descartamos seguir hasta Santa María, será otro viaje.
El Museo de la Pachamama
Almorzamos en Amaicha en un lugar encantador que nos hizo acordar a una cafetería literaria de Caviahue. La estiramos un poco para disfrutar. De postre, comimos helado con dulce de tuna. Después visitamos el Museo de la Pachamama, un emprendimiento artístico inspirado en motivos indígenas que me gustó mucho. Leí en Tripadvisor que algunos critican porque esperan un museo de tipo arqueológico o histórico.

El Museo de la Pachamama
El Museo de la Pachamama es otra cosa, es una instalación creativa, una versión libre y moderna del culto a la Pachamama visualmente atractiva. Vale la pena entrar, caminar y perderse por las esculturas simbólicas y dejarse llevar por lo que a uno le pasa caminando entrando en las figuras tal como las imagino Cruz, el artista emprendedor que montó el museo.

El Museo de la PachaMama
Como regresamos por la misma ruta por la que habíamos ido, intentamos visitar el observatorio astronómico… subimos (ahora quedaba a nuestra izquierda) y tocamos el timbre varias veces. Había carteles ploteados que anunciaban visitas y paquetes turísticos con observación incluída… pero no nos atendió nadie así que volvimos a la ruta medio desilusionados. Así que llegamos a Tafi y nos pedimos una cervecita… mientras mirábamos el cerro. Finalmente, no había llovido nada ni parecía que iba a llover. Así que salimos a caminar, a comprar algunos souvenirs (zapatillas de telar étnico, dulce de cayote, imanes). En una de las calles del centro había un evento folklórico privado en una carpa, estaba el intendente y un cordón policial. No dejaba pasar ni los autos ni las motos. Vimos a un pibe re caliente con la policía por la cuestión y medio que hasta discutieron. Unas cuadras más adelante, había otro evento. Un festejo deportivo parecía, me imaginé que era de fútbol. Venían por la calle principal a los bocinazos limpios con una copa alzada. Y lo que seguía era una procesión detrás de la imagen de la virgen. Chicos y chicas vestidos para el carnaval a toda comparsa bailando “Felices los cuatro”. Los padres filmando y sacando fotos con los celulares. Hablemos de sincretismo, de la convergencia de las tradiciones con la modernidad. Hablemos de la cantidad de gente en Tafí… cenamos en el hotel. Era lo más práctico.
Desfile carnavalezco al paso