martes, 3 de enero de 2017

Washington express


King of Prussia, 3 de enero
Y queríamos conocer Washington, al menos sus edificios icónicos, escenarios de tantas películas…  así que salimos bien temprano ya que teníamos varias millas de viaje. Salimos entonces por la Interestatal 95 (south) bajo una lluvia torrencial. Tras más de dos horas de viaje llegamos hasta las afueras de Washington. Allí, dejamos el auto en un estacionamiento de tamaño sideral y tomamos el subterráneo en la estación Glenmont para llegar a la zona céntrica de Washington DC. Impecable y puntual fue el tren que nos llevó al corazón de la ciudad en un poco menos de una hora de viaje.
Glenmont Station

El recorrido, por momentos sobre la superficie, mostraba una ciudad invernal y, para mi sorpresa, bastante silenciosa.
Ya en el área advertirnos a primera vista que Washington es lo que se dice de ella: una ciudad planificada, de espacios amplios, ordenada. De inspiración neoclásica y simetrías parisinas, nos pareció, además, cinematográfica. Al menos lo que pudimos ver… que, un poco a nuestro pesar, fue apenas una visita express.

White House

Nos acercamos cuanto pudimos a la emblemática White House, pero no intentamos mucho ya que sabíamos que hay demasiadas normas de seguridad y preferimos caminar por los espacios públicos. En línea con la Casa Blanca pudimos ver el obelisco que es demasiado parecido al de Buenos Aires. El obelisco marca un punto intermedio entre el memorial de Lincoln y el Capitolio, que era todo lo que llegaríamos a recorrer dado que son distancias bastante largas…



WWII Memorial

Obelisco
Rodeamos el obelisco y atravesamos luego el imponente homenaje a los caídos en la segunda guerra llegando así a la magnífica piscina-espejo: imposible no recorrerla sin evocar la memorable y deliciosa escena de Forrest Gump…



Después, al llegar al monumento a Lincoln y ver la gran cantidad de gente que se agolpaba allí, recordamos también aquella escena en que Lisa SImpson quiere hablar con el venerable Abraham y no lo logra hacerse oír dado que había demasiada  gente buscando todo tipo de consejos, entonces se dirige al monumento de Jefferson que, muy resentido, tampoco la escucha quejándose por su falta de protagonismo… nos divertimos con el asunto pero no llegamos a visitar a Jefferson, tampoco a Kennedy… porque comenzamos a caminar en dirección opuesta, en dirección al Capitolio.


Monumento a Lincoln
El parque que une el Memorial con el Capitolio debe ser hermoso en otra estación, posiblemente, pero lluvia mediante todo estaba bastante embarrado y gris. A mitad de camino comimos unos espectaculares wraps al paso en uno de los puestos del parque. Hacia ambos lados, podían verse hermosos edificios públicos de museos importantes. Y así, la visión del Capitolio siguió ampliándose, como en House of Cards


Llegando al Capitolio

...y con esta última vista de la ciudad… ya comenzaba a hacerse tarde, así que volvimos a la estación de subte para tomar el tren. Habíamos caminado casi 7 kilómetros en apenas un par de horas...



De regreso por la autopista, anocheció. Atravesamos Baltimore viendo el perfil de los edificios iluminados, un crucero en el puerto y mucho, mucho tráfico. Eso nos demoró bastante por lo que agradecimos haber salido a tiempo.

Al llegar a King of Prussia la noche era completamente cerrada, pero al menos, había dejado de llover.

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