martes, 13 de enero de 2026

Una granja familiar, protestas locales y turismo de lujo

 13 de enero, Woodstock

Siguiendo las recomendaciones de Gemini, fuimos a visitar una granja familiar donde producen quesos y jarabe de Maple que se llama Sugarbush Farm y, pese a tener hasta página web es un lugar bastante rústico y artesanal… para ser EEUU, claro. Entramos primero a un lugar donde estaban trabajando en la producción de quesos y nos dieron para probar unas variedades. También jarabe de Maple de diferentes variedades, que según el color es más o menos intenso. Después nos metimos en una suerte de galpón donde había un video que te contaba la historia de la granja, todo medio asi nomas, pero divertido, hasta había un mapa para pinear con un alfiler de que país los visitás. Fue divertido sacarles unos pines a Francia para marcarnos a nosotros ya que se habían acabado los alfileres. Salimos de ahí y caminamos por el bosque de arces. Como estaba nevado y con algo de hielo, por momentos se puso medio peligroso. Pero fue interesante ver cómo les ponen unas válvulas a los árboles… como para exprimirlos… es toda una red de pequeñas mangueras que los conecta para extraer la savia que luego se proceso para convertirla en jarabe.





También había una capillita muy rústica en la que, seguramente, se celebran casamientos… no tan rústicos. Woodstock es un lugar de turismo de lujo, digamos todo.


De allí, pasando por el pequeño centro, vimos dos protestas. Una relacionada con un conflicto local entre el jefe de policía y el intendente que, al parecer, tiene al pueblo en una grieta. El intendente habia aprovechado un conflicto menor para suspenderlo por negligencia y, el jefe de policia lo esta demandando por discriminación por orientación sexual. La demanda es por unos cinco palos verdes. Por aca nunca con cambio chico.


La otra protesta, era más obvia, y era contra Trump, por el tema de la policía antiinmigrantes (ICE). Lo gracioso es que dos cuadras más adelante, había uno solo con su bandera pero a favor de Trump. Debe ser muy solitario ser republicano en Vermont…

Saliendo de ahí chusmeamos en un local de esos que venden todo para Cannabis. No me pareció muy diferente a las cosas que puedes ver en Buenos Aires… en realidad era casi todo para fumar y no productos alternativos. Compramos una soda con CBD nomas… no había cremas ni nada de ese estilo. Eso sí, para entrar aunque sea a mirar te piden ID… y también había muchos folletos informativos del Centro de Intoxicaciones de Vermont.

Almorzamos espectacularmente en Long Trail Brewing. El bar tiene una hermosa vista al río y, me pareció entender que es un punto de partida para trekkings. Afuera habia como mesas dentro de cabañas donde se admitian mascotas... o algo asi, no entendimos bien porque nadie las estaba usando...

Y así se fue el dia nomás… volvimos a descansar al hotel, a hacer un poco de pileta y armar las valijas. Mañana, cambiamos de universo.


Desde el punto de vista de un pájaro

 12 de enero, Woodstock

Apenas a 45 minutos de Killington, Woodstock tiene todos los puntos para convertirse en nuestro otro lugar en el mundo. Porque hemos visitado muchos lugares, pero a algunos, no podemos dejar de volver. A Woodstock, Vermont le tengo echado el ojo desde hace muchas temporadas cada vez que pasamos algún día free esquí. Hay algo en la onda de este pueblo que enamora. 

El año pasado, con el evento del incendio nuestra estadía adoptó un giro imprevisto con una estadía en un hotel histórico. Esta vez volvimos a intentarlo, en el hotel original pensando en disfrutar las instalaciones.

Sin dudas Woodstock debe ser un destino mucho más prometedor en verano, pero el invierno tiene su encanto y nos gusta blanco, por qué no. Además hay muchas cosas para hacer por acá. Esta vez, visitamos Vins (Vermont Institute for Natural Science) un sitio de investigación pero también santuario de aves rescatadas. El lugar es hermoso. Vimos algunos ejemplares de búhos, águilas y lechuzas que nos impresionaron por su belleza. Cada ejemplar tiene su nombre y su historia, es muy dulce verlos, con sus nanas, cumpliendo en una segunda oportunidad, una misión educativa que no era la prevista por la naturaleza. Me enamoró sobre todo un buho niveo de color blanco que fue rescatado tras un accidente con un avión en La Guardia. El santuario tiene también una especie de pasarela en altura que corre entre los árboles y que permite ver a los pájaros más de cerca. Obviamente eso debe pasar en primavera y en verano, pero, en cualquier caso, fue muy hermoso ver como se ven las cosas desde la perspectiva de un ave.



Después de la vista pasamos por la biblioteca (compré dos libros usados a dos dólares cada uno) y fuimos a almorzar a Mont Ver Cafe, donde comimos como los dioses. De regreso en nuestro hotel, hicimos pileta, lectura y cena. Un día realmente relajado. Era hora.


domingo, 11 de enero de 2026

Una lista

 11 de enero, Killington


La llegada a Killington fue agotadora, no porque algo hubiese salido mal, conseguimos llegar a tiempo y el auto lo pudimos tomar rápido pero como era previsto se hizo muy rapido de noche y el viaje no tuvo nada de disfrutable. Unas cinco horas y algo más con una parada en el Walmart de Glenn Falls para comprar provisiones y llegar bajo la nieve con ganas de dormir habiendo perdido la cuenta de cuanto hacía que estábamos dando vueltas. La nevada por la noche fue importante, pero casi no nos dimos cuenta.

Ya hace tantos años que volvemos a Killington que casi parece que no tenemos mucho que descubrir. Pero igual volvemos porque creemos que hay que volver a los lugares que amamos. Con todo, este año la rutina tuvo toques diferentes porque mi sobrina está haciendo work and travel en el resort. Trabaja en el restaurante de Snowshed, justo cerca de nuestro hotel.

Para resumir nuestra estadía, voy a listar las cosas que me gustaría recordar:

  1. Jubilé mi campera Colombia comprada hace más de una década en un outlet de Las Vegas

  2. Me compré una campera nueva que es un sueño

  3. Conseguí escarpines nuevos para mis botas porque los viejos no daban para más y les dí una segunda oportunidad.

  4. Estrenamos la góndola nueva de Skye Ship

  5. Llevamos a mi sobrina a conocer los coverty bridges en Woodstock

  6. Pobre una cider que venía con un shot de whisky de maple

  7. A Adrián se le rompió el pantalón

  8. La cuenta de Instagram de Killington me posteo una story con un time lapse

  9. Hablamos con esquiadores locales que conocían Cerro Castor y Punta Tombo.

  10. Me pidieron sacar foto de mi gorro para casco tejido al crochet

  11. Escuchamos música en vivo (viejos temas de Elvis) junto a la chimenea mientras llovía

  12. Vimos como la lluvia se congelaba dejando escarchas en las sillas que casi pararon todas las aerosillas

  13. Me cai cuatro veces, pero sentí que esquié más feliz y relajada

  14. Nos prometimos volver, como siempre.




martes, 6 de enero de 2026

Vuelo cancelado

 6 de enero, en el avion volando a Newark

Deberíamos estar hoy en un outlet camino a Vermont pero pasaron cosas. Por primera vez en tantos años de viaje el avión de Delta no despegó de Ezeiza. Mientras carreteaba por la pista, frenó de golpe y volvió. La explicación del capitán fue que hubo un warning con un sensor, algo relacionado con el freno que requería consulta técnica. Nadie se alarmó, digamos todo. El avión iba repleto, y unos cuantos, ya dormían. Después explicaron que vendrían unos técnicos a revisar y que volverían a cargar combustible. Como 40 minutos después dijeron que la falla estaba resuelta. Algo de unas válvulas que ni en inglés ni en español entendimos qué tenían que ver con los frenos. Pero se necesitaba que la torre de control autorizara el despegue y si eso no era en 15 minutos, la tripulación se excedería de las 10 horas permitidas de servicio y había que cancelar el vuelo. Hubo un confuso grito de euforia de una azafata que creyó que salíamos pero enseguida siguieron bad news. Se cancelaba el vuelo. Nos bajaron por escalera y en micrito a esperar las valijas que tardaron bastante. Para todo esto ya eran casi las 3 de la mañana, el vuelo debía haber salido poco antes de medianoche. Mientras esperábamos empezaron a circular los rumores: que no aceptes hotel porque te mandan a un hotel de mierda en el centro, que Delta no es tan chota para reconocer los gastos si presentas tickets, que te conviene esto o lo otro… en fin. Muy confuso todo y encima, las valijas que no bajaban.

 Al recuperar las valijas no se cuanto tiempo después vimos que nos rompieron una, la mía. Estaba renga y no me daba cuenta por que. La arrastré como pude. Volvimos a casa en un remise, rezongando y evaluando alternativas. Nos fuimos a dormir recién como las 4 y media sin saber claramente qué reprogramar ni si era viable nuestra conexión original a Boston.

Nos despertamos con la noticia de que el avión saldría unas horas más temprano pero que no había conexión a Boston que pudiéramos tomar. Cualquier opción siempre era mala si pensábamos que ya habíamos perdido un día donde, como siempre, en nuestros viajes locos de correr todo el tiempo, no hay margen. Así que fuimos al Jumbo y compramos una valija de oferta muy parecida a la que nos partieron en la parte en la que se sostiene una de las ruedas. La valija nueva es un poco más trucha pero no vale la pena gastar mucho en valijas porque siempre te las terminan rompiendo.

Lo que siguió del día fueron varios cambios de horario y combinaciones. Finalmente fijaron las 2 de la mañana y con escala en Atlanta para enganchar a Newark… y de ahí tendríamos 5 horas de auto a Killington. El tiempo de conexión era realmente muy jugado. Cuando llegamos a Ezeiza la cola era infernal pero por haber sido los del vuelo cancelado tuvimos una trato bastante VIP por parte de Delta. Nos dieron prioridad y nos hicieron algunas sugerencias para la conexión, que no nos cerraron un pomo, pero valoramos la intención. Nos dieron un QR con la dirección para hacer los reclamos por los gastos extra — sobre todo por la noche de hotel que perdimos en Boston— y pases para lounge de Latam en la espera. Un detalle, pero bien. 

La cola para migraciones era espantosa y ayer ya nos habíamos gastado el fast pass así que nos comimos una hora de espera fácil. A mi, milagrosamente, me pasó bien el chequeo con máquina. Adrian no tuvo tanta suerte. Pero cuando salimos, con todo, todavía teníamos para dos horas y pico más. Así que aprovechamos el Lounge tomando unos Salentein que nos hicieron olvidar las penas.

Finalmente embarcamos. No nos apuramos a cantar victoria e hicimos muy bien. La torre de control tardó hora y pico en habilitar el despegue por lo que terminamos saliendo 330 de la mañana. Eso suponía otra vez recalcular la conexión a Newark. Lo mejor de volar en Delta es que tienes wi fi de calidad sin cargo. Esto nos permitió resolver la situación: en el vuelo que más nos convenía, corriendo como locos, no había lugar, pero si en uno más tarde. Pensamos que la lista de espera era muy jugada y mejor ir a lo seguro. Pero al final, cuando estábamos por aterrizar vimos que había lugar en el que salía más temprano. Quizá porque eran los asientos nro 13 y la superstición yanqui nos jugó a favor.

Corrimos como locos y fuimos los primeros en migraciones. Buscamos las valijas, las redirigimos y cruzamos todo el aeropuerto de Atlanta en el tren circular. Llegamos a tiempo y salimos en horario.




miércoles, 29 de enero de 2025

De San antonio a Austin: aventuras texanas

 26 de enero, San antonio

Anoche antes de cenar hicimos el paseo en barco por el río san Antonio. El paseo estuvo lindo, sobre todo por la iluminación multicolor de los árboles. Al terminar el recorrido vimos una proposal: al parecer es medio un show como el de las películas. La propuesta de matrimonio tenía toda una logística arriba del puente que estaba bloqueado con carteles luminosos. Luego todos aplaudían. Al pasar cerca del puente una mujer con cara de proposal planner nos dice, cuando intentamos pasar por el puente: Its a proposal and she said yes! Ok. Más tarde estaban sacándose fotos con un grupo de gente… que sé yo.

Después comimos comida mejicana, demasiado picante y tomamos margaritas. Vinimos a dormir relajados. La mala noticia es que al volver de desayunar hoy, me di cuenta que me faltaba la cartera con las tarjetas de crédito y mi DNI. Yo estaba convencida de que no lo había llevado al paseo nocturno (de hecho comente antes de sacar los tickets para el barco que no había traído mi ID) pero después de revisar dos millones de veces el cuarto, empecé a dudar de mis recuerdos. Y si bien volvimos por todos los pasos y preguntamos por los lost and found que encontramos, ni noticias. Me amargué mucho… cancelando tarjetas y lamentando las pérdidas. Tenía poco efectivo, pero algunos recuerdos personales que considero irrecuperables ahora.

Después de llorar y patalear un poco tuvimos que decidir cómo remontar el día. Había llovido toda la noche y el tiempo pintaba muy nublado, así que entre las opciones elegimos hacer el recorrido de las misiones. Las misiones de San Antonio son 5 y son franciscanas. La primera es The Álamo, que tiene otra historia y fue la que visitamos ayer. Las otras están un poco más alejadas:  Concepción, San José, San Juan y San Francisco de la Espada. La más grande para recorrer es Santa Fe pero, sin duda, la suerte fue coincidir en Concepción con el horario de misa con Mariachis que asistimos completo y que sin duda fue un momento de calma después del mal humor de la mañana. Recorrimos las ruinas entre algunas explicaciones históricas. Los lugares están bien, pero no descollaron producción ya que son sitios de conservación arqueológica que pertenecen a parques nacionales. Para ninguno cobraban entrada y, salvo la limosna de las ofrendas en la misa, no desembolsamos nada.

La misa era bilingüe y la celebraban dos curas. Si bien el rito estaba principalmente el inglés (no tenía idea cómo responder, nunca había seguido una misa en inglés) la segunda lectura se leyó en español y los mariachis cantaban en español. Esto incluyó el salmo responsorial que fue cantado. El coro de mariachis era muy hermoso. Me emociono un poco Pescador de hombres en el momento de la comunión. Al final, cura pregunto si alguien cumplía años. Un par se pusieron de pie y les cantaron las mañanitas. Al final los dos curas, te saludaban a la salida. No recuerdo haber visto eso en misa… o quizá en Gesell. No sé.

Se empezó a poner fresco después del recorrido de la última misión. Los edificios en algunos casos siguen funcionando como iglesias, pero tienen todo un estilo rústico en medio de ruinas. Por el camino atravesamos un cementerio a la mexicana, donde se veía gente llevando flores y decorando tumbas.

Al regresar al hotel, Adrián decidió insistir una vez más con el tema de mi bolso perdido (yo ya había perdido las esperanzas) Y al preguntar en recepción, se lo dieron… estaba con las cosas perdidas pero habían sacado la billetera con el DNI, las tarjetas y el cash. Nos dijeron que la había perdido en el restaurante y que un huésped la llevó. Raro. Mañana al desayuno, volveremos a preguntar a los mozos para ver si entendemos el movimiento. Al menos yo no estaba loca… no la había llevado al paseo de anoche tal como recordaba.

Para despejar un poco salimos a caminar otra vez bordeando el río San Antonio. La temperatura bajó bastante, más tarde saldremos a tomar algo.


28 de enero, Austin

El último día en San Antonio, salimos a cenar y otra vez incurrimos en margaritas, explorando las opciones on the rocks y frozen. A mi me gusta más frozen. Y después, ya bastante cansados, volvimos para el hotel atravesando el camino multicolor del río. A la mañana siguiente, continuamos con la investigación de la billetera perdida, y la narrativa del restaurante fue que ellos la encontraron y la llevaron inmediatamente al lost and found. Los del help desk se desentendieron y aunque pedí hablar con la manager, ni noticias. Resignados ya, nos fuimos, la idea era tomar el día de paseo antes de nuestro último destino, Austin.

Pasamos por un pueblo de Origen alemán Fredericksburg, no tan turístico como Gruene pero con una estética vintage conservada especialmente en su Calle comercial que recorrimos en un paseo. 

Hay algunos edificios realmente lindos que nos llamaron la atención. Luego nos desviamos para visitar la Enchanted Rock, un parque estatal protagonizado por una loma enorme de granito rosado. Es una formación interesante con algunos rastros de erosión curiosos que le valen el nombre de en de “encantada”.

La subida a la roca nos llevó entre ida y vuelta algo más de una hora y, terminada la aventura regresamos por el road ranch hasta retomar el camino a Austin. El paisaje tiene subidas y bajadas, parece árido por momentos y por otros se vuelve más verde. Los molinos, iguales a los de la provincia de Buenos Aires, vuelven el paisaje curiosamente familiar para nosotros.

Llegamos a Austin al atardecer, pero el tiempo está feo y nublado. Austin es una ciudad grande, con muchos edificios y no parece para nada turística. El plan era recorrer un poco por mañana, que será nuestro último día de vacaciones.


29 de enero, Austin

El día amaneció horrible: nublado y llovizna, un día nada turístico para una ciudad no turística. No sabíamos mucho qué hacer así que salimos a caminar un poco sin rumbo con el único destino visible del Capitolio. El edificio es impactante, hecho todo de granito rosado — como la piedra que subimos ayer— con una cúpula enorme con una mujer cargando una estrella, símbolo texano. Visitamos primero el pequeño museo con algunas cosas sobre la historia de Texas y — entre otras cosas— una impresionante maqueta del Capitolio hecha de legos. 


Después ingresamos al Capitolio, que según se veía estaba en un día realmente muy ajetreado, con muchos periodistas, gente corriendo de un lado al otro, secretarías de tacos y políticos con sombreros texanos tal como en las películas. Enganchamos una visita guiada donde contaron varias cosas sobre cuánto era original y cuanto restaurado en el edificio, pero era difícil de seguir porque había mucho ruido ambiente y el clima general era de quilombo. Cuando terminó el speech del guía empezamos a dar vueltas dentro del edificio lleno de gente y medio que nos perdimos, hasta que alguien nos indico por donde salir. De ahí pensamos que podía ser buena idea visitar algo que habíamos visto como el museo de la música de Texas… llegamos caminando al lugar y tuvimos que esperar para que abriera. Era un espacio modesto y sostenido por voluntarios donde se mostraban colecciones de discos, radios e instrumentos antiguos… 

De ahí pensamos en ir hasta el río, atravesando la calle principal cubierta de niebla. Al paso encontraríamos un museo de arte mexicano que parecía interesante, pero lamentablemente estaba cerrado porque estaban trabajando en una instalación, así que miramos solo la tienda de souvenirs y seguimos hasta el río lady bird —que es muy ancho— y hasta un puente a parecer famoso por albergar, en los meses de verano, una colonia enorme de murciélagos. Murciélagos no vimos, pero sí un par de monopatines eléctricos que habían sido arrojados bajo el agua y podían verse claramente a muy poca profundidad.

Cuando nos fuimos del río, volvimos a ver —ya habíamos visto un par pero de modo más confuso— un auto autónomo Waymo. Al parecer pueden solicitarse vía App pero intentamos descargarlas pero no es posible con nuestros celulares atados a Argentina… intentamos sacar la foto… pero no salio. Resulta novedoso ver un auto sin conductor en plena ciudad… pero no tuvimos chance de concretarlo. 

Finalmente, caminamos hasta el museo de la historia de Texas, enorme y muy interesante —100% bilingüe— donde volvimos a ver datos y fun facts sobre la historia de Texas, pero ya no solo de su independencia — en la que los españoles y los mejicanos unitarios son los malos — sino también sobre el desarrollo de la industria y su influencia en el mundo cultural. Estuvimos más de dos horas recorriendo las hermosas y bien organizadas salas… y bajo una garúa finita volvimos al hotel. Mañana empezamos el viaje de regreso a casa.


sábado, 25 de enero de 2025

Un saloon famoso

 25 de enero, San Antonio

Salimos de Woodstock antes de la salida del sol. En efecto, nos habían sugerido hacerlo porque si bien, el camino a Boston era de solo dos horas y algo, coincidiría con la rush hour y el tráfico podría complicarse. Así que vimos el amanecer entre los pinos y las rocas con estalactitas nevadas. Desayunamos en un Dunkin Donat, y casi sin parar llegamos sin sobresaltos, bastante temprano al aeropuerto. La espera fue aburrida, después de dejar el auto los trámites fueron rápidos, era un vuelo de cabotaje y el aeropuerto de Boston no es el JFK.

Por suerte salió en horario. El vuelo fue tranquilo pero largo, las cinco horas cayeron en ese momento en que es difícil aprovecharlas durmiendo. Por mi parte aproveché para leer - estbaba leyendo Anna Karenina y casi que termine la quinta parte. La llegada a Texas nos agrego una hora de diferencia horaria hacia el oeste por lo que era más temprano y el solo estaba todavía alto. Pero la salida del aeropuerto no fue tan rápida hasta que nos entregaron el auto de alquiler. De Houston a San Antonio, teníamos como cuatro horas de ruta así que salimos rápido. Es impresionante llegar a Texas. Si no fuera por el desarrollo obvio que uno ve a los costados, el paisaje es igual a la provincia de Buenos Aires. Vimos el atardecer entre torre de alta tensión ya que viajamos en dirección Oeste. Llegamos a San Antonio de noche y realmente muy cansados. Así que solo nos dio para manotear un par de snacks y tirarnos a dormir.

Está mañana , resultó un día nublado. Algo un poco decepcionante, no vamos a negarlo. Salimos a recorrer el ala histórica que es muy bonita. El río  San Antonio, está rodeado de restaurantes que hacen a la zona más turística y es encantador. 

Después de pasar por los puentecitos nos salimos al área de The Álamo, que es fuerte histórico de la ciudad. El área está en plena reconstrucción, imaginamos que en no mucho tiempo el recorrido tendrá muchas más atracciones. Entramos a la iglesia, que es de acceso libre donde se da detalles del proceso de recuperación de los frescos. Vimos también un documental sobre la historia de Texas, que explota bien el espíritu independiente de los texanos, del que se muestran tan orgullosos.


A la tarde tomamos el auto para visitar Gruene, a unos 40 minutos hacia el noreste. Gruene es un pueblito armado para el turismo sobre lo que fue una vez un asentamiento de inmigrantes alemanes que se dedicaron a la producción de algodón. Si bien luego declinó y se transformó en un pueblo fantasma, fue recuperado para fines turísticos. Está ahí el Saloon más antiguo de Texas, al parecer un lugar medio famoso para la música country. Por la noche hay shows importantes pero durante el día, tocan bandas todo el tiempo… que sonaban muy bien. Y la gente se pone a bailar un poco, y nosotros no quisimos ser menos y también lo intentamos.

Comimos por ahí en un lugar bien Tex-Mex y pasamos un rato largo visitando las tiendas, con antigüedades, artículos de decoración y souvenirs. Había cosas realmente interesantes, como libros de texto viejos, herramientas y curiosidades. Estuve dando vueltas para comprarme un sombrero texano pero me parecía demasiado caro… Compramos otras cosas, como una blusa de oferta y popurrí con aroma a limón que es un sueño.

De regreso a San Antonio llegamos al hotel para ver la puesta de sol desde la habitación. Vamos a salir a cenar por la zona del río. Ojalá mañana no llueva.


jueves, 23 de enero de 2025

Alarma de incendio y cambio de hotel en mitad de la noche

 Woodstock, 23 de enero

Ayer salimos de Killington con sol y mucho frío. La ola polar sigue pero no volvió a nevar, lo cual es una buena noticia para nosotros. Aprovechamos para recorrer con el auto las áreas alrededor de la montaña y ver las bases desde “el otro lado” porque en nuestro mapa mental el mapa de la montaña se organiza desde la aerosilla que sale del hotel, y luego, las conexiones externas, resultan confusas. Nos resultó divertido pasar con el auto debajo de una de las góndolas e incluso de los puentes con los que solemos pasar con los esquís. Después dejamos el área y fuimos hacia Quechee. Desde el Visitor Center hicimos un circuito breve pero muy hermoso que bordeaba el río Otto Quechee medio congelado. 

El bosque es hermoso y todavía quedaban fragmentos de nieve virgen, atravesadas por huellas de algún bicho que pensamos que podía ser un zorrito. A mediodía almorzamos en una cadena regional de panqueques que nos gustó mucho por las opciones bien modernas del menú. Y siguiendo el sol, aprovechamos para visitar uno de los hermosos puentes cubiertos que son históricos y típicos de esta área (nos compramos un libro de fotografía sobre este tema en el Visitor Ccenter). A primera hora de la tarde llegamos al hotel, un hermoso hotel sobre el río decorado con detalles vintage y una hermosa pileta cubierta en la que nos nos relajamos al atardecer.

Cenamos en la habitación ya que habíamos traído algunas sobras de la semana de esquí (el hotel tenía una pequeña cocina) y, cansados, nos fuimos a dormir bastante temprano después de hacer una call con Buenos Aires y ver una serie en Paramount que estamos maratoneando… el tema fue que a las 3:00 AM, mientras dormíamos profundamente, empezó a sonar la alarma contra incendios, ese sonido irritante que te perforaba los oídos. Saltamos de la cama y manoteando la campera caminamos los pasillos largos hacia la salida, tan rápido que yo no me di cuenta que estaba con ojotas y sin medias… y una vez afuera ya no nos dejaban volver a entrar. No era una falsa alarma como nos había pasado tantas veces. Cuando llegamos habíamos visto que estaban reparando algo en la recepción, algo que tenía que ver con los sistemas de sparkling anti incendios. Evidentemente algo se había hecho mal y el cielo raso tiraba agua como una catarata que empapaba el hall central a la entrada. Éramos unas diez o doce personas, medio muertas de frío esperando que llegaran los bomberos para entender qué pasaba. Al rato vinieron unas cuatro autobombas con gente que entraba y salía. La manager del hotel, una chica muy joven, nos explicaba que no nos podía permitir volver a la habitación. El ruido de las alarmas era insoportable. Uno de los huéspedes que tenía encima la llave del auto (una super camioneta con lugar para 8 personas) nos ofreció esperar adentro así no nos congelamos. Unos entramos ahí y otros de los huéspedes se cobijaron en otros autos. Estuvimos un buen rato hasta que los bomberos se fueron después de haber chequeado que no había riesgo de incendio, pero  por alguna razón el sistema no permite desactivar las alarmas o por alguna otra cosa que no nos explicaron o no llegamos entender, nos dijeron que entraramos a la habitación, empacamos y nos derivaban a otro hotel. Menos mal que no teníamos demasiado lio en la habitación. La única perdida fue un cepillo de pelo pequeño de Farmacity, que olvidé en la ducha.

Así que en la madrugada congelada, metimos todo en las valijas y las arrastramos en el auto hasta el centrito de Woodstock. Nos mandaron al Woodstock Inn un hotel histórico y señorial mucho más lujoso. No era nuestro plan original, pero nos resultó divertido a la mañana siguiente, conocer este otro hotel con sus salas elegantes y sus años de historia.

La mañana, luego, amaneció nublada pero fue mejorando y el sol se hizo notar. El pueblo es hermoso. Lo recorrimos caminando, entramos a las pequeñas tiendas, a la biblioteca (compre un libro usado por 3 dólares) y un rompecabezas 3D en una tienda preciosa que se llamaba Unicornio. Aun con mucho frío, valió la pena congelarse para sacar fotos del bosque, las casitas muy New England, los puentes cubiertos y el río semi congelado sobre reflejos azules y verdes.

Esta noche pensamos cenar en una de las tabernas del hotel. Habíamos imaginado cenar en el hotel anterior, porque el restaurante estaba muy bien conceptuado, pero no creemos que esté habilitado de momento así que veremos que nos trae el plan B.

Mañana volvemos a Boston. Nuestro vuelo sale a las 13 así vamos a madrugar para no tener que correr.


martes, 21 de enero de 2025

Esquiamos un montón

 Killington, 17 de enero


La salida de Boston fue planeada como un día de compras. Es que como pasa cada tanto en Argentina estamos pasando por una racha de dólar barato. No diría que las cosas estan regaladas, pero si combinamos la cultura de los outlets, promos, liquidaciones y ofertas varias del primer mundo (que afortunadamente han vuelto porque la recesión post covid se notaba mucho todavía el año pasado) en rubros como indumentaria, las compras resultan convenientes. Así que con este mood hicimos la primera escala en el premium outlet de Merrimack, donde aprovechamos para renovar jeans y ropa de abrigo, y luego, en en Manchester, pasamos por el Apple Store (se  necesitaba reponer un celular que nos  robaron en Buenos AIres hace dos meses) y Best Buy para algún que otro encargo electrónico. Terminamos en el Walmart para aprovisionarnos para semana. El dato chistoso fue que por un pack de Corona sin Alcohol, el sistema pedía ID de todas formas. No es que fuera un percance, pero habla bien de lo estricto de Walmart respecto del asunto.

Sin darnos cuenta se fue el medio dia y aunque ni siquiera paramos a almorzar se nos cerraba la noche. Así que retomamos rápido la hora y pico que nos separaba de Killington. Llegamos tras la puesta del sol, con la alegría simple de llegar y de haber alquilado esta vez una 4x4 bien segura que nos despreocupo totalmente de las condiciones del camino ya que el año pasado, la experiencia fue un poco traumática.

El primer y segundo dia de esquí fueron muy buenos. Si bien no deslumbró el sol, el frío era tolerable y había mucha y buena nieve. Hoy me atropelló un esquiador novato pero lo superé rápido. Hicimos muchas bajadas, lastima que el tracking de la app no me las registra totalmente, creo, que por una restricción de cuidado de las baterías de mi celu.

Como sea, el esquí siempre nos hace descansar. La mente se pone en otra altura en otra frecuencia.

Killington, 21 de enero

Hoy fue el último día de esquí. Contratamos un paquete 5 de 6, lo que significa que podemos elegir un día off. Muchas veces hicimos algo así y siempre tocaba un día de lluvia o nevada mal. Esta vez no pasó eso, pero optamos por esquivar el domingo pasado que, por ser feriado largo acá, estaba desbordado de gente. Parecían hormigas y si bien está bueno que al centro de esquí le vaya bien… para nosotros es un incordio. Se ponen peligrosas las pistas con taaanta gente. Así que hicimos un paseo cortito por Rutland, aprovechamos para ir a super y almorzamos en Applebee. Rutlan es pintoresca, tiene un aire misterioso, siempre es atractivo caminarla un poquito. Por lo demás, los días que quedaron en Killington fueron extremadamente fríos. Casi 26 grados bajo cero de sensación térmica y se sienten aun cuando estamos muy bien equipados contra el frío. El truco es parar más, recuperar el calor con chocolate caliente para volver a las pistas… porque sino empezás a sentir que te congelás… literal, por momentos yo no sentía los dedos de la mano.

En fin, más allá de eso, fueron días lindos y esquiamos un montón. Mañana dejamos el hotel a las 11 así que vamos a empacar el quilombo de la habitación por la mañana. No tenemos mucho viaje por delante, así que, si el tiempo acompaña, será un día para seguir paseando…


martes, 14 de enero de 2025

Boston es más tranquila que New York

 Boston, 14 de enero de 2025


Tenemos solo un par de horas de diferencia con Buenos Aires, pero ayer llegamos destruidos. El tema es que esta vez, salimos demasiado temprano de casa porque dejamos el auto en un garaje de Ezeiza que al parecer facilitaba un poco las cosas. Funcionó bien, pero la incertidumbre de probar algo nuevo nos pasó de ansiosos: demasiadas horas de espera en el aeropuerto y se hizo largo en exceso.

La experiencia de vuelo fue superadora a lo que veníamos acostumbrados: volamos por United y todo todo funcionó como un relojito. La novedad fue que probamos mejorar los pasajes a Economy Premium plus y, sumando a que los asientos eran los primeros de la fila, esperábamos descansar mejor. La verdad es que fue mucho más cómodo, igualmente, lograr dormir no fue fácil, veníamos demasiado acelerados. Llegamos a Houston antes de horario, tanto que tuvimos que esperar dentro del avión porque los servicios de migraciones aún no estaban disponibles. Pero ni bien abrieron las puertas, empezamos las corridas porque teníamos solo dos horas para la conexión. El engranaje fue perfecto y sin mucha vuelta ya habíamos pasado por migraciones, recuperado las valijas y cruzado medio aeropuerto. Embarcamos puntales, ya sin los lujos premium del vuelo anterior. Pese al anuncio previo de la comandante que se esperaban algunas turbulencias, el viaje fue recontra tranquilo y, otra vez, llegamos antes de tiempo y hubo que esperar a que nos dejaran bajar.

Llegar a Boston es más tranquilo que a Nueva York. En algún sentido llegar a NY es como seguir en Buenos Aires pero en el primer mundo. Boston parece tener otro ritmo. Al rental llegamos en dos paradas de bus, donde bajo la mayoría de la gente. Nos dieron una camioneta gigante, realmente un exceso, pero era la única que nos aseguraban 4x4 y no queríamos repetir los problemas del año pasado. Así que subimos a la nave y muy rápido estábamos en la ciudad. El hotel está cerca del Boston Common que es un parque grande y central. Es un hotel moderno con toques vintage, decorado en estilo fábrica tecno como se usa ahora. Muy cómodo y práctico, una buena elección. Así que nos acomodamos y salimos a dar una vuelta. El dia estaba nublado y resultó medio deprimente. Lo que siguió fue cenar temprano. Nos desmayamos en la cama.

Por la mañana amaneció hermoso y despejado aun cuando hacía más frío que ayer. El plan era visitar el museo de ciencias de Boston y es lo que hicimos. Atravesamos el Commonly la zona histórica que ya habíamos recorrido en otra vista (en el parque vimos un monumento nuevo, una escultura gigante — The embrace — dedicada a Martin Luther King, que es un poco perturbadora, porque son brazos que se abrazan, pero sin cuerpo. La escultura no existía la última vez que habíamos estado de visita y nos llamó la atención. 

En la zona histórica las casitas de estilo britanico estar mas hermosas que nunca con sus decorados navideños que todavía no fueron sacados y al llegar al río lo notamos bastante congelado. El museo es moderno y muy interactivo. Aunque hay planes de remodelación, nos resultó entretenido y vimos muchas cosas interesantes, incluyendo dos funciones en el planetario, una sobre el James Webb y la segunda sobre las líneas de sistema solar. La exhibición sobre IA estaba bien organizada y nos divirtió, especialmente, el robot/perro que tantas veces hemos visto en videos pero que, verlo personalmente, tiene otro impacto. Mención aparte merece un hermoso péndulo de Foucault que se desplaza sobre un calendario azteca hecho de mosaicos. 


miércoles, 31 de enero de 2024

La maratón del último día de viaje

 Bogotá, 31 de enero

No sé si es la altura, el bajón del fin de las vacaciones…o la maratón que nos impusimos para llevarnos algo de Bogotá que quedamos destruídos. Dispuestos a aprovechar a full el último día, nos tomamos un Uber hasta el pie del cerro Montserrat, una montaña verde con una iglesia en su cima. El Uber atravesó media ciudad dando vueltas que casi no podíamos entender. Ahí tomamos un teleférico que nos llevó casi en sentido vertical muy rápido hacia arriba. Vimos que también hay un funicular. Pensamos que quizá lo habilitan cuando hay mucha más gente porque el aparecer puede llegar a ser un lugar bastante concurrido. Hubiera sido hermoso subir a pie o al menos, bajar.

El camino aunque empinado parecía accesible y sin duda hubiera sido un plan encantador observar los pájaros y la vegetación selvática. Pero cortos de tiempo, ni siquiera consideramos la posibilidad. El templo, arriba, es espacioso y con algunas partes, bastante modernas. Hay una virgen negra. 


Estuvimos un buen rato ahí, mirando hacia el paisaje y tratando de reconocer la Plaza Bolívar donde habíamos estado ayer. También dimos algunas vueltas por las tienditas de artesanías y comestibles. Tomamos té de coca para aliviar el mal de altura. Nos imaginamos que el lugar podría llegar a estar totalmente desbordado de gente y tremendamente concurrido… una especie de Luján, pero hacia arriba.

Después de descender en el mismo teleférico, comenzamos a caminar en dirección al área histórica. A mitad de camino dimos con la quinta de Bolívar que, aunque medio cara nos pareció la entrada, decidimos visitarla. Puede verse la vivienda muy bien restaurada con objetos como muebles y vajilla que pertenecieron a Bolívar. El jardín es muy grande y está poblado de plantas añosas. Desde la quinta puede verse el cerro, es un lugar estratégicamente bello.

Al salir de la quinta bajamos por una zona quizá algo bohemia, muy grafiteada, que en todo un sector estaba en obra.

Al llegar a la ciudad, después de tomar un café visitamos el museo de Botero y finalmente, el museo militar.

Para entonces ya había pasado el mediodía y estando demasiado cansados optamos por tomar un Uber de regreso al hotel.

En mitad del camino nos agarró una lluvia tropical imponente y tuvimos que hacer malabares para llegar.

Decidimos venir antes para el aeropuerto y menos mal, porque el check in fue caótico.