Woodstock, 23 de enero
Ayer salimos de Killington con sol y mucho frío. La ola polar sigue pero no volvió a nevar, lo cual es una buena noticia para nosotros. Aprovechamos para recorrer con el auto las áreas alrededor de la montaña y ver las bases desde “el otro lado” porque en nuestro mapa mental el mapa de la montaña se organiza desde la aerosilla que sale del hotel, y luego, las conexiones externas, resultan confusas. Nos resultó divertido pasar con el auto debajo de una de las góndolas e incluso de los puentes con los que solemos pasar con los esquís. Después dejamos el área y fuimos hacia Quechee. Desde el Visitor Center hicimos un circuito breve pero muy hermoso que bordeaba el río Otto Quechee medio congelado.
El bosque es hermoso y todavía quedaban fragmentos de nieve virgen, atravesadas por huellas de algún bicho que pensamos que podía ser un zorrito. A mediodía almorzamos en una cadena regional de panqueques que nos gustó mucho por las opciones bien modernas del menú. Y siguiendo el sol, aprovechamos para visitar uno de los hermosos puentes cubiertos que son históricos y típicos de esta área (nos compramos un libro de fotografía sobre este tema en el Visitor Ccenter). A primera hora de la tarde llegamos al hotel, un hermoso hotel sobre el río decorado con detalles vintage y una hermosa pileta cubierta en la que nos nos relajamos al atardecer.
Cenamos en la habitación ya que habíamos traído algunas sobras de la semana de esquí (el hotel tenía una pequeña cocina) y, cansados, nos fuimos a dormir bastante temprano después de hacer una call con Buenos Aires y ver una serie en Paramount que estamos maratoneando… el tema fue que a las 3:00 AM, mientras dormíamos profundamente, empezó a sonar la alarma contra incendios, ese sonido irritante que te perforaba los oídos. Saltamos de la cama y manoteando la campera caminamos los pasillos largos hacia la salida, tan rápido que yo no me di cuenta que estaba con ojotas y sin medias… y una vez afuera ya no nos dejaban volver a entrar. No era una falsa alarma como nos había pasado tantas veces. Cuando llegamos habíamos visto que estaban reparando algo en la recepción, algo que tenía que ver con los sistemas de sparkling anti incendios. Evidentemente algo se había hecho mal y el cielo raso tiraba agua como una catarata que empapaba el hall central a la entrada. Éramos unas diez o doce personas, medio muertas de frío esperando que llegaran los bomberos para entender qué pasaba. Al rato vinieron unas cuatro autobombas con gente que entraba y salía. La manager del hotel, una chica muy joven, nos explicaba que no nos podía permitir volver a la habitación. El ruido de las alarmas era insoportable. Uno de los huéspedes que tenía encima la llave del auto (una super camioneta con lugar para 8 personas) nos ofreció esperar adentro así no nos congelamos. Unos entramos ahí y otros de los huéspedes se cobijaron en otros autos. Estuvimos un buen rato hasta que los bomberos se fueron después de haber chequeado que no había riesgo de incendio, pero por alguna razón el sistema no permite desactivar las alarmas o por alguna otra cosa que no nos explicaron o no llegamos entender, nos dijeron que entraramos a la habitación, empacamos y nos derivaban a otro hotel. Menos mal que no teníamos demasiado lio en la habitación. La única perdida fue un cepillo de pelo pequeño de Farmacity, que olvidé en la ducha.
Así que en la madrugada congelada, metimos todo en las valijas y las arrastramos en el auto hasta el centrito de Woodstock. Nos mandaron al Woodstock Inn un hotel histórico y señorial mucho más lujoso. No era nuestro plan original, pero nos resultó divertido a la mañana siguiente, conocer este otro hotel con sus salas elegantes y sus años de historia.
La mañana, luego, amaneció nublada pero fue mejorando y el sol se hizo notar. El pueblo es hermoso. Lo recorrimos caminando, entramos a las pequeñas tiendas, a la biblioteca (compre un libro usado por 3 dólares) y un rompecabezas 3D en una tienda preciosa que se llamaba Unicornio. Aun con mucho frío, valió la pena congelarse para sacar fotos del bosque, las casitas muy New England, los puentes cubiertos y el río semi congelado sobre reflejos azules y verdes.
Esta noche pensamos cenar en una de las tabernas del hotel. Habíamos imaginado cenar en el hotel anterior, porque el restaurante estaba muy bien conceptuado, pero no creemos que esté habilitado de momento así que veremos que nos trae el plan B.
Mañana volvemos a Boston. Nuestro vuelo sale a las 13 así vamos a madrugar para no tener que correr.
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