miércoles, 29 de enero de 2025

De San antonio a Austin: aventuras texanas

 26 de enero, San antonio

Anoche antes de cenar hicimos el paseo en barco por el río san Antonio. El paseo estuvo lindo, sobre todo por la iluminación multicolor de los árboles. Al terminar el recorrido vimos una proposal: al parecer es medio un show como el de las películas. La propuesta de matrimonio tenía toda una logística arriba del puente que estaba bloqueado con carteles luminosos. Luego todos aplaudían. Al pasar cerca del puente una mujer con cara de proposal planner nos dice, cuando intentamos pasar por el puente: Its a proposal and she said yes! Ok. Más tarde estaban sacándose fotos con un grupo de gente… que sé yo.

Después comimos comida mejicana, demasiado picante y tomamos margaritas. Vinimos a dormir relajados. La mala noticia es que al volver de desayunar hoy, me di cuenta que me faltaba la cartera con las tarjetas de crédito y mi DNI. Yo estaba convencida de que no lo había llevado al paseo nocturno (de hecho comente antes de sacar los tickets para el barco que no había traído mi ID) pero después de revisar dos millones de veces el cuarto, empecé a dudar de mis recuerdos. Y si bien volvimos por todos los pasos y preguntamos por los lost and found que encontramos, ni noticias. Me amargué mucho… cancelando tarjetas y lamentando las pérdidas. Tenía poco efectivo, pero algunos recuerdos personales que considero irrecuperables ahora.

Después de llorar y patalear un poco tuvimos que decidir cómo remontar el día. Había llovido toda la noche y el tiempo pintaba muy nublado, así que entre las opciones elegimos hacer el recorrido de las misiones. Las misiones de San Antonio son 5 y son franciscanas. La primera es The Álamo, que tiene otra historia y fue la que visitamos ayer. Las otras están un poco más alejadas:  Concepción, San José, San Juan y San Francisco de la Espada. La más grande para recorrer es Santa Fe pero, sin duda, la suerte fue coincidir en Concepción con el horario de misa con Mariachis que asistimos completo y que sin duda fue un momento de calma después del mal humor de la mañana. Recorrimos las ruinas entre algunas explicaciones históricas. Los lugares están bien, pero no descollaron producción ya que son sitios de conservación arqueológica que pertenecen a parques nacionales. Para ninguno cobraban entrada y, salvo la limosna de las ofrendas en la misa, no desembolsamos nada.

La misa era bilingüe y la celebraban dos curas. Si bien el rito estaba principalmente el inglés (no tenía idea cómo responder, nunca había seguido una misa en inglés) la segunda lectura se leyó en español y los mariachis cantaban en español. Esto incluyó el salmo responsorial que fue cantado. El coro de mariachis era muy hermoso. Me emociono un poco Pescador de hombres en el momento de la comunión. Al final, cura pregunto si alguien cumplía años. Un par se pusieron de pie y les cantaron las mañanitas. Al final los dos curas, te saludaban a la salida. No recuerdo haber visto eso en misa… o quizá en Gesell. No sé.

Se empezó a poner fresco después del recorrido de la última misión. Los edificios en algunos casos siguen funcionando como iglesias, pero tienen todo un estilo rústico en medio de ruinas. Por el camino atravesamos un cementerio a la mexicana, donde se veía gente llevando flores y decorando tumbas.

Al regresar al hotel, Adrián decidió insistir una vez más con el tema de mi bolso perdido (yo ya había perdido las esperanzas) Y al preguntar en recepción, se lo dieron… estaba con las cosas perdidas pero habían sacado la billetera con el DNI, las tarjetas y el cash. Nos dijeron que la había perdido en el restaurante y que un huésped la llevó. Raro. Mañana al desayuno, volveremos a preguntar a los mozos para ver si entendemos el movimiento. Al menos yo no estaba loca… no la había llevado al paseo de anoche tal como recordaba.

Para despejar un poco salimos a caminar otra vez bordeando el río San Antonio. La temperatura bajó bastante, más tarde saldremos a tomar algo.


28 de enero, Austin

El último día en San Antonio, salimos a cenar y otra vez incurrimos en margaritas, explorando las opciones on the rocks y frozen. A mi me gusta más frozen. Y después, ya bastante cansados, volvimos para el hotel atravesando el camino multicolor del río. A la mañana siguiente, continuamos con la investigación de la billetera perdida, y la narrativa del restaurante fue que ellos la encontraron y la llevaron inmediatamente al lost and found. Los del help desk se desentendieron y aunque pedí hablar con la manager, ni noticias. Resignados ya, nos fuimos, la idea era tomar el día de paseo antes de nuestro último destino, Austin.

Pasamos por un pueblo de Origen alemán Fredericksburg, no tan turístico como Gruene pero con una estética vintage conservada especialmente en su Calle comercial que recorrimos en un paseo. 

Hay algunos edificios realmente lindos que nos llamaron la atención. Luego nos desviamos para visitar la Enchanted Rock, un parque estatal protagonizado por una loma enorme de granito rosado. Es una formación interesante con algunos rastros de erosión curiosos que le valen el nombre de en de “encantada”.

La subida a la roca nos llevó entre ida y vuelta algo más de una hora y, terminada la aventura regresamos por el road ranch hasta retomar el camino a Austin. El paisaje tiene subidas y bajadas, parece árido por momentos y por otros se vuelve más verde. Los molinos, iguales a los de la provincia de Buenos Aires, vuelven el paisaje curiosamente familiar para nosotros.

Llegamos a Austin al atardecer, pero el tiempo está feo y nublado. Austin es una ciudad grande, con muchos edificios y no parece para nada turística. El plan era recorrer un poco por mañana, que será nuestro último día de vacaciones.


29 de enero, Austin

El día amaneció horrible: nublado y llovizna, un día nada turístico para una ciudad no turística. No sabíamos mucho qué hacer así que salimos a caminar un poco sin rumbo con el único destino visible del Capitolio. El edificio es impactante, hecho todo de granito rosado — como la piedra que subimos ayer— con una cúpula enorme con una mujer cargando una estrella, símbolo texano. Visitamos primero el pequeño museo con algunas cosas sobre la historia de Texas y — entre otras cosas— una impresionante maqueta del Capitolio hecha de legos. 


Después ingresamos al Capitolio, que según se veía estaba en un día realmente muy ajetreado, con muchos periodistas, gente corriendo de un lado al otro, secretarías de tacos y políticos con sombreros texanos tal como en las películas. Enganchamos una visita guiada donde contaron varias cosas sobre cuánto era original y cuanto restaurado en el edificio, pero era difícil de seguir porque había mucho ruido ambiente y el clima general era de quilombo. Cuando terminó el speech del guía empezamos a dar vueltas dentro del edificio lleno de gente y medio que nos perdimos, hasta que alguien nos indico por donde salir. De ahí pensamos que podía ser buena idea visitar algo que habíamos visto como el museo de la música de Texas… llegamos caminando al lugar y tuvimos que esperar para que abriera. Era un espacio modesto y sostenido por voluntarios donde se mostraban colecciones de discos, radios e instrumentos antiguos… 

De ahí pensamos en ir hasta el río, atravesando la calle principal cubierta de niebla. Al paso encontraríamos un museo de arte mexicano que parecía interesante, pero lamentablemente estaba cerrado porque estaban trabajando en una instalación, así que miramos solo la tienda de souvenirs y seguimos hasta el río lady bird —que es muy ancho— y hasta un puente a parecer famoso por albergar, en los meses de verano, una colonia enorme de murciélagos. Murciélagos no vimos, pero sí un par de monopatines eléctricos que habían sido arrojados bajo el agua y podían verse claramente a muy poca profundidad.

Cuando nos fuimos del río, volvimos a ver —ya habíamos visto un par pero de modo más confuso— un auto autónomo Waymo. Al parecer pueden solicitarse vía App pero intentamos descargarlas pero no es posible con nuestros celulares atados a Argentina… intentamos sacar la foto… pero no salio. Resulta novedoso ver un auto sin conductor en plena ciudad… pero no tuvimos chance de concretarlo. 

Finalmente, caminamos hasta el museo de la historia de Texas, enorme y muy interesante —100% bilingüe— donde volvimos a ver datos y fun facts sobre la historia de Texas, pero ya no solo de su independencia — en la que los españoles y los mejicanos unitarios son los malos — sino también sobre el desarrollo de la industria y su influencia en el mundo cultural. Estuvimos más de dos horas recorriendo las hermosas y bien organizadas salas… y bajo una garúa finita volvimos al hotel. Mañana empezamos el viaje de regreso a casa.


sábado, 25 de enero de 2025

Un saloon famoso

 25 de enero, San Antonio

Salimos de Woodstock antes de la salida del sol. En efecto, nos habían sugerido hacerlo porque si bien, el camino a Boston era de solo dos horas y algo, coincidiría con la rush hour y el tráfico podría complicarse. Así que vimos el amanecer entre los pinos y las rocas con estalactitas nevadas. Desayunamos en un Dunkin Donat, y casi sin parar llegamos sin sobresaltos, bastante temprano al aeropuerto. La espera fue aburrida, después de dejar el auto los trámites fueron rápidos, era un vuelo de cabotaje y el aeropuerto de Boston no es el JFK.

Por suerte salió en horario. El vuelo fue tranquilo pero largo, las cinco horas cayeron en ese momento en que es difícil aprovecharlas durmiendo. Por mi parte aproveché para leer - estbaba leyendo Anna Karenina y casi que termine la quinta parte. La llegada a Texas nos agrego una hora de diferencia horaria hacia el oeste por lo que era más temprano y el solo estaba todavía alto. Pero la salida del aeropuerto no fue tan rápida hasta que nos entregaron el auto de alquiler. De Houston a San Antonio, teníamos como cuatro horas de ruta así que salimos rápido. Es impresionante llegar a Texas. Si no fuera por el desarrollo obvio que uno ve a los costados, el paisaje es igual a la provincia de Buenos Aires. Vimos el atardecer entre torre de alta tensión ya que viajamos en dirección Oeste. Llegamos a San Antonio de noche y realmente muy cansados. Así que solo nos dio para manotear un par de snacks y tirarnos a dormir.

Está mañana , resultó un día nublado. Algo un poco decepcionante, no vamos a negarlo. Salimos a recorrer el ala histórica que es muy bonita. El río  San Antonio, está rodeado de restaurantes que hacen a la zona más turística y es encantador. 

Después de pasar por los puentecitos nos salimos al área de The Álamo, que es fuerte histórico de la ciudad. El área está en plena reconstrucción, imaginamos que en no mucho tiempo el recorrido tendrá muchas más atracciones. Entramos a la iglesia, que es de acceso libre donde se da detalles del proceso de recuperación de los frescos. Vimos también un documental sobre la historia de Texas, que explota bien el espíritu independiente de los texanos, del que se muestran tan orgullosos.


A la tarde tomamos el auto para visitar Gruene, a unos 40 minutos hacia el noreste. Gruene es un pueblito armado para el turismo sobre lo que fue una vez un asentamiento de inmigrantes alemanes que se dedicaron a la producción de algodón. Si bien luego declinó y se transformó en un pueblo fantasma, fue recuperado para fines turísticos. Está ahí el Saloon más antiguo de Texas, al parecer un lugar medio famoso para la música country. Por la noche hay shows importantes pero durante el día, tocan bandas todo el tiempo… que sonaban muy bien. Y la gente se pone a bailar un poco, y nosotros no quisimos ser menos y también lo intentamos.

Comimos por ahí en un lugar bien Tex-Mex y pasamos un rato largo visitando las tiendas, con antigüedades, artículos de decoración y souvenirs. Había cosas realmente interesantes, como libros de texto viejos, herramientas y curiosidades. Estuve dando vueltas para comprarme un sombrero texano pero me parecía demasiado caro… Compramos otras cosas, como una blusa de oferta y popurrí con aroma a limón que es un sueño.

De regreso a San Antonio llegamos al hotel para ver la puesta de sol desde la habitación. Vamos a salir a cenar por la zona del río. Ojalá mañana no llueva.


jueves, 23 de enero de 2025

Alarma de incendio y cambio de hotel en mitad de la noche

 Woodstock, 23 de enero

Ayer salimos de Killington con sol y mucho frío. La ola polar sigue pero no volvió a nevar, lo cual es una buena noticia para nosotros. Aprovechamos para recorrer con el auto las áreas alrededor de la montaña y ver las bases desde “el otro lado” porque en nuestro mapa mental el mapa de la montaña se organiza desde la aerosilla que sale del hotel, y luego, las conexiones externas, resultan confusas. Nos resultó divertido pasar con el auto debajo de una de las góndolas e incluso de los puentes con los que solemos pasar con los esquís. Después dejamos el área y fuimos hacia Quechee. Desde el Visitor Center hicimos un circuito breve pero muy hermoso que bordeaba el río Otto Quechee medio congelado. 

El bosque es hermoso y todavía quedaban fragmentos de nieve virgen, atravesadas por huellas de algún bicho que pensamos que podía ser un zorrito. A mediodía almorzamos en una cadena regional de panqueques que nos gustó mucho por las opciones bien modernas del menú. Y siguiendo el sol, aprovechamos para visitar uno de los hermosos puentes cubiertos que son históricos y típicos de esta área (nos compramos un libro de fotografía sobre este tema en el Visitor Ccenter). A primera hora de la tarde llegamos al hotel, un hermoso hotel sobre el río decorado con detalles vintage y una hermosa pileta cubierta en la que nos nos relajamos al atardecer.

Cenamos en la habitación ya que habíamos traído algunas sobras de la semana de esquí (el hotel tenía una pequeña cocina) y, cansados, nos fuimos a dormir bastante temprano después de hacer una call con Buenos Aires y ver una serie en Paramount que estamos maratoneando… el tema fue que a las 3:00 AM, mientras dormíamos profundamente, empezó a sonar la alarma contra incendios, ese sonido irritante que te perforaba los oídos. Saltamos de la cama y manoteando la campera caminamos los pasillos largos hacia la salida, tan rápido que yo no me di cuenta que estaba con ojotas y sin medias… y una vez afuera ya no nos dejaban volver a entrar. No era una falsa alarma como nos había pasado tantas veces. Cuando llegamos habíamos visto que estaban reparando algo en la recepción, algo que tenía que ver con los sistemas de sparkling anti incendios. Evidentemente algo se había hecho mal y el cielo raso tiraba agua como una catarata que empapaba el hall central a la entrada. Éramos unas diez o doce personas, medio muertas de frío esperando que llegaran los bomberos para entender qué pasaba. Al rato vinieron unas cuatro autobombas con gente que entraba y salía. La manager del hotel, una chica muy joven, nos explicaba que no nos podía permitir volver a la habitación. El ruido de las alarmas era insoportable. Uno de los huéspedes que tenía encima la llave del auto (una super camioneta con lugar para 8 personas) nos ofreció esperar adentro así no nos congelamos. Unos entramos ahí y otros de los huéspedes se cobijaron en otros autos. Estuvimos un buen rato hasta que los bomberos se fueron después de haber chequeado que no había riesgo de incendio, pero  por alguna razón el sistema no permite desactivar las alarmas o por alguna otra cosa que no nos explicaron o no llegamos entender, nos dijeron que entraramos a la habitación, empacamos y nos derivaban a otro hotel. Menos mal que no teníamos demasiado lio en la habitación. La única perdida fue un cepillo de pelo pequeño de Farmacity, que olvidé en la ducha.

Así que en la madrugada congelada, metimos todo en las valijas y las arrastramos en el auto hasta el centrito de Woodstock. Nos mandaron al Woodstock Inn un hotel histórico y señorial mucho más lujoso. No era nuestro plan original, pero nos resultó divertido a la mañana siguiente, conocer este otro hotel con sus salas elegantes y sus años de historia.

La mañana, luego, amaneció nublada pero fue mejorando y el sol se hizo notar. El pueblo es hermoso. Lo recorrimos caminando, entramos a las pequeñas tiendas, a la biblioteca (compre un libro usado por 3 dólares) y un rompecabezas 3D en una tienda preciosa que se llamaba Unicornio. Aun con mucho frío, valió la pena congelarse para sacar fotos del bosque, las casitas muy New England, los puentes cubiertos y el río semi congelado sobre reflejos azules y verdes.

Esta noche pensamos cenar en una de las tabernas del hotel. Habíamos imaginado cenar en el hotel anterior, porque el restaurante estaba muy bien conceptuado, pero no creemos que esté habilitado de momento así que veremos que nos trae el plan B.

Mañana volvemos a Boston. Nuestro vuelo sale a las 13 así vamos a madrugar para no tener que correr.


martes, 21 de enero de 2025

Esquiamos un montón

 Killington, 17 de enero


La salida de Boston fue planeada como un día de compras. Es que como pasa cada tanto en Argentina estamos pasando por una racha de dólar barato. No diría que las cosas estan regaladas, pero si combinamos la cultura de los outlets, promos, liquidaciones y ofertas varias del primer mundo (que afortunadamente han vuelto porque la recesión post covid se notaba mucho todavía el año pasado) en rubros como indumentaria, las compras resultan convenientes. Así que con este mood hicimos la primera escala en el premium outlet de Merrimack, donde aprovechamos para renovar jeans y ropa de abrigo, y luego, en en Manchester, pasamos por el Apple Store (se  necesitaba reponer un celular que nos  robaron en Buenos AIres hace dos meses) y Best Buy para algún que otro encargo electrónico. Terminamos en el Walmart para aprovisionarnos para semana. El dato chistoso fue que por un pack de Corona sin Alcohol, el sistema pedía ID de todas formas. No es que fuera un percance, pero habla bien de lo estricto de Walmart respecto del asunto.

Sin darnos cuenta se fue el medio dia y aunque ni siquiera paramos a almorzar se nos cerraba la noche. Así que retomamos rápido la hora y pico que nos separaba de Killington. Llegamos tras la puesta del sol, con la alegría simple de llegar y de haber alquilado esta vez una 4x4 bien segura que nos despreocupo totalmente de las condiciones del camino ya que el año pasado, la experiencia fue un poco traumática.

El primer y segundo dia de esquí fueron muy buenos. Si bien no deslumbró el sol, el frío era tolerable y había mucha y buena nieve. Hoy me atropelló un esquiador novato pero lo superé rápido. Hicimos muchas bajadas, lastima que el tracking de la app no me las registra totalmente, creo, que por una restricción de cuidado de las baterías de mi celu.

Como sea, el esquí siempre nos hace descansar. La mente se pone en otra altura en otra frecuencia.

Killington, 21 de enero

Hoy fue el último día de esquí. Contratamos un paquete 5 de 6, lo que significa que podemos elegir un día off. Muchas veces hicimos algo así y siempre tocaba un día de lluvia o nevada mal. Esta vez no pasó eso, pero optamos por esquivar el domingo pasado que, por ser feriado largo acá, estaba desbordado de gente. Parecían hormigas y si bien está bueno que al centro de esquí le vaya bien… para nosotros es un incordio. Se ponen peligrosas las pistas con taaanta gente. Así que hicimos un paseo cortito por Rutland, aprovechamos para ir a super y almorzamos en Applebee. Rutlan es pintoresca, tiene un aire misterioso, siempre es atractivo caminarla un poquito. Por lo demás, los días que quedaron en Killington fueron extremadamente fríos. Casi 26 grados bajo cero de sensación térmica y se sienten aun cuando estamos muy bien equipados contra el frío. El truco es parar más, recuperar el calor con chocolate caliente para volver a las pistas… porque sino empezás a sentir que te congelás… literal, por momentos yo no sentía los dedos de la mano.

En fin, más allá de eso, fueron días lindos y esquiamos un montón. Mañana dejamos el hotel a las 11 así que vamos a empacar el quilombo de la habitación por la mañana. No tenemos mucho viaje por delante, así que, si el tiempo acompaña, será un día para seguir paseando…


martes, 14 de enero de 2025

Boston es más tranquila que New York

 Boston, 14 de enero de 2025


Tenemos solo un par de horas de diferencia con Buenos Aires, pero ayer llegamos destruidos. El tema es que esta vez, salimos demasiado temprano de casa porque dejamos el auto en un garaje de Ezeiza que al parecer facilitaba un poco las cosas. Funcionó bien, pero la incertidumbre de probar algo nuevo nos pasó de ansiosos: demasiadas horas de espera en el aeropuerto y se hizo largo en exceso.

La experiencia de vuelo fue superadora a lo que veníamos acostumbrados: volamos por United y todo todo funcionó como un relojito. La novedad fue que probamos mejorar los pasajes a Economy Premium plus y, sumando a que los asientos eran los primeros de la fila, esperábamos descansar mejor. La verdad es que fue mucho más cómodo, igualmente, lograr dormir no fue fácil, veníamos demasiado acelerados. Llegamos a Houston antes de horario, tanto que tuvimos que esperar dentro del avión porque los servicios de migraciones aún no estaban disponibles. Pero ni bien abrieron las puertas, empezamos las corridas porque teníamos solo dos horas para la conexión. El engranaje fue perfecto y sin mucha vuelta ya habíamos pasado por migraciones, recuperado las valijas y cruzado medio aeropuerto. Embarcamos puntales, ya sin los lujos premium del vuelo anterior. Pese al anuncio previo de la comandante que se esperaban algunas turbulencias, el viaje fue recontra tranquilo y, otra vez, llegamos antes de tiempo y hubo que esperar a que nos dejaran bajar.

Llegar a Boston es más tranquilo que a Nueva York. En algún sentido llegar a NY es como seguir en Buenos Aires pero en el primer mundo. Boston parece tener otro ritmo. Al rental llegamos en dos paradas de bus, donde bajo la mayoría de la gente. Nos dieron una camioneta gigante, realmente un exceso, pero era la única que nos aseguraban 4x4 y no queríamos repetir los problemas del año pasado. Así que subimos a la nave y muy rápido estábamos en la ciudad. El hotel está cerca del Boston Common que es un parque grande y central. Es un hotel moderno con toques vintage, decorado en estilo fábrica tecno como se usa ahora. Muy cómodo y práctico, una buena elección. Así que nos acomodamos y salimos a dar una vuelta. El dia estaba nublado y resultó medio deprimente. Lo que siguió fue cenar temprano. Nos desmayamos en la cama.

Por la mañana amaneció hermoso y despejado aun cuando hacía más frío que ayer. El plan era visitar el museo de ciencias de Boston y es lo que hicimos. Atravesamos el Commonly la zona histórica que ya habíamos recorrido en otra vista (en el parque vimos un monumento nuevo, una escultura gigante — The embrace — dedicada a Martin Luther King, que es un poco perturbadora, porque son brazos que se abrazan, pero sin cuerpo. La escultura no existía la última vez que habíamos estado de visita y nos llamó la atención. 

En la zona histórica las casitas de estilo britanico estar mas hermosas que nunca con sus decorados navideños que todavía no fueron sacados y al llegar al río lo notamos bastante congelado. El museo es moderno y muy interactivo. Aunque hay planes de remodelación, nos resultó entretenido y vimos muchas cosas interesantes, incluyendo dos funciones en el planetario, una sobre el James Webb y la segunda sobre las líneas de sistema solar. La exhibición sobre IA estaba bien organizada y nos divirtió, especialmente, el robot/perro que tantas veces hemos visto en videos pero que, verlo personalmente, tiene otro impacto. Mención aparte merece un hermoso péndulo de Foucault que se desplaza sobre un calendario azteca hecho de mosaicos.