11 de enero, Killington
La llegada a Killington fue agotadora, no porque algo hubiese salido mal, conseguimos llegar a tiempo y el auto lo pudimos tomar rápido pero como era previsto se hizo muy rapido de noche y el viaje no tuvo nada de disfrutable. Unas cinco horas y algo más con una parada en el Walmart de Glenn Falls para comprar provisiones y llegar bajo la nieve con ganas de dormir habiendo perdido la cuenta de cuanto hacía que estábamos dando vueltas. La nevada por la noche fue importante, pero casi no nos dimos cuenta.
Ya hace tantos años que volvemos a Killington que casi parece que no tenemos mucho que descubrir. Pero igual volvemos porque creemos que hay que volver a los lugares que amamos. Con todo, este año la rutina tuvo toques diferentes porque mi sobrina está haciendo work and travel en el resort. Trabaja en el restaurante de Snowshed, justo cerca de nuestro hotel.
Para resumir nuestra estadía, voy a listar las cosas que me gustaría recordar:
Jubilé mi campera Colombia comprada hace más de una década en un outlet de Las Vegas
Me compré una campera nueva que es un sueño
Conseguí escarpines nuevos para mis botas porque los viejos no daban para más y les dí una segunda oportunidad.
Estrenamos la góndola nueva de Skye Ship
Llevamos a mi sobrina a conocer los coverty bridges en Woodstock
Pobre una cider que venía con un shot de whisky de maple
A Adrián se le rompió el pantalón
La cuenta de Instagram de Killington me posteo una story con un time lapse
Hablamos con esquiadores locales que conocían Cerro Castor y Punta Tombo.
Me pidieron sacar foto de mi gorro para casco tejido al crochet
Escuchamos música en vivo (viejos temas de Elvis) junto a la chimenea mientras llovía
Vimos como la lluvia se congelaba dejando escarchas en las sillas que casi pararon todas las aerosillas
Me cai cuatro veces, pero sentí que esquié más feliz y relajada
Nos prometimos volver, como siempre.

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