sábado, 13 de enero de 2024

Aerolina de bandera y una KIA desinflada

 12 de enero de 2024, Burlington 

Estoy que me quedo dormida, la verdad que fue medio un suplicio el viaje. Primero porque llegamos demasiado temprano a Ezeiza ¿quién nos manda? y segundo, porque, encima, el avión de Aerolíneas Argentinas salió bastante demorado. Nunca explicaron por qué ni pidieron disculpas, pero estábamos ya sobre la hora de embarque cuando alguien dijo al pasar en paralelo a la cola que se estaba armando en puerta que al avión recién habían ido a buscarlo al hangar. El avión salió más o menos una hora después pero nunca dieron explicaciones ni pidieron disculpas. El servicio fue bastante malo, la tripulación demasiado malhumorada y el avión vergonzosamente sucio. En fin. Viajamos como sardinas maltratadas en un avión mugriento. Pero la soberanía nacional y el video de la selección y la aerolíneadebandera y coso, ¿vieron? Bueno, eso.

Igual, llegar es hermoso. Aterrizamos en el JFK y ni bien abrieron las puertas corrimos a migraciones. El trámite fue muy rápido y en menos de media hora estábamos en el Air Train que en dos paradas nomas nos dejó en la puerta del Rental de AVIS. Agarramos una KIA chiquita que teníamos reservada y nos metimos de una en la autopista rumbo a Vermont sin mucho debate.



El viaje es un viaje conocido, primero pasar los puentes y luego apuntar a las Green Mountains. No vimos nieve hasta bastante cerca de la frontera de Massachusetts. Paramos unos momentos al llegar al centro de visitantes de Vermont, muy encantador. Tenían un pequeño buffet (a voluntad) que organizaba un grupo de senior citizens, así que nos llevamos algunas cositas saludables (bastoncitos de zanahoria, manzana, un sandwich de apio y huevo) y continuamos viaje. A las 16 ya se ponía el sol (aunque se sentían como las 18 por la diferencia horaria). Cuando llegamos al hotel estaba bastante oscuro así que no dio más que para acomodarnos un poquito, cenar tempranito y tirarnos a dormir.


Burlington, 13 de enero de 2024

Día feo y gris de esos que te hacen pensar en lo duro que es el invierno en estas latitudes. El sol sale tarde, tipo 8 y el cielo estaba totalmente cubierto. Anoche había nevado y llovido un poco, además, el pronóstico no era alentador. Decidimos desayunar con ganas y ponerle onda. Pero al salir al recorrer la zona nos agarró la lluvia… además tenemos un problema con los neumáticos, pareciera que hay uno que se desinfla. Así que anduvimos cargando aire y mirando el panel todo el tiempo porque al toque empezaba la alarma. La lluvia nos metió en un Walmart que recorrimos con parsimonia entre los locales. Un señor mayor en carrito entre las góndolas nos habló en español algo emocionado. Era de Puerto Rico pero se había criado en USA. Tenía igual un español impecable. Según nos contó su madre lo obligaba hablándole siempre en español y haciéndole escribir a su abuelo también: le corregía la ortografía y la acentuación para que aprendiera bien.


Cuando terminamos las compras volvimos a nuestro paseo. Algunas casas que rodean el lago Champlain son imponentes aun cuando el invierno las presenta un poco deslucidas.



Recorrimos también una zona de viñedos y vimos como el flood de la semana pasada había hecho unos cuantos destrozos. Para la caída del sol se veían los contornos de las nubes muy hermosos, por lo que hice un time lapse a pulso para sentir el atardecer. Recorrimos algo la ciudad que mira al lago y es muy encantadora.



Hay hoteles imponentes y una zona comercial moderna pero con estilo. Dimos algunas vueltas pero un poco preocupados por el neumático que se nos volvió a desinflar. Al regresar nos metimos un cachito en el gym del hotel para compensar tanto auto y tan poca caminata. Cenamos en la Panera Bread, una cadena que nos gustó por las opciones de sopas y ensaladas.


lunes, 30 de enero de 2023

Cuatro días en Orlando

26 de enero 2023, Orlando

Día de viaje, de esos que parecen desperdicio pero que al final, se hacen interesantes. Primero, levantarnos antes del amanecer, hora y pico en la autopista (que temprano arrancan a laburar los americanos, eh?), agarrar un par de mini atascadas incluyendo un accidente por un autopista que haría pasar vergüenza a nuestra panamericana. Ver los edificios de Houston a oscuras, enormes y aglutinados, devolver el auto, ir en bus hasta la terminal D, pasar seguridad y (mucho más estricta que en Newmark) y que la policía me dijera que le gustaba mi pantalón y sus bolsillos, llegar a la gate y que no haya nada para desayunar que nos cierre, buscar un lounge con la tarjeta a ver si zafábamos y encontrarlo.

Un vuelo calmo y amable. United nos gusta más que American. Vimos Houston desde arriba y nos despedimos. Nos faltó un poco más de Texas.

LLegamos a Orlando más o menos en el tiempo previsto. Hace más calor pero no tanto. La llegada fue un despelote. Perturba un poco por ahi sentir acento argento. Tuvimos unas idas y vueltas con el auto de alquiler, que teníamos que elegir entre los que tenían el baúl abierto y el que encontramos era demasiado grande y nos dió no sé qué que tenía la puerta recontra rayada. Al final pusieron otro al lado mucho más chico y razonable para nosotros dos solos y nos cambiamos. 

Lo que siguió del día fue encontrar el hotel, discutir sobre los parques que vamos a visitar (acordamos solo dos), comprar pavadas en el supermercado e ir a caminar por Disney Springs que queda acá nomás, al lado del hotel en que nos estamos alojando.




27 de enero, Orlando


Ahi busqué en Wikipedia que Animal Kingdom se inauguró en el 98, así que tiene sentido que no lo hayamos visitado con Adrián esa vez que vinimos por aquí en el 96. La última visita había sido en el 2003 con nuestros hijos que eran muy chiquitos y, por cierto, el parque también. Hoy, 20 años después, hay muchas más cosas para hacer en entre las que se destacan la tierra de Pandora con un slow ride ambientado y un ride 3D con un CGI muy potente que simula un ride que incluye efectos táctiles y aromáticos con una sincronización que, hasta ahora, es la más realista que ví en este tipo de atracciones.


Igual, nuestra preferida fue la montaña rusa ambientada en el Tibet, con todo un storytelling sobre el Yeti que es espectacular. Agarra bastante velocidad y va en reversa… Vale muy bien la espera. Tanto que la hicimos dos veces.


El safari que deja ver los animales de verdad es notable. Las jirafas pasan como si nada. Vimos otros bichos como cebras, elefantes, leones, hipopótamos y orangutanes… tantísimas aves y también algunos reptiles. No deja de ser un zoológico y me pregunto si en algún momento del futuro acabará cancelado, aunque debo reconocer que me emociona un poco ver semejantes animales tan hermosos.

En fin, el día pasó volando. Al final no encontrábamos el auto y fue agotador porque estábamos cansados. Pero estaba en el sector unicornio. Decí que el auto no es azul.




28 de enero, Orlando

Hoy fuimos en auto para la zona de Tampa, esto es, hacia el sudoeste. El día estuvo nublado y algo ventoso aunque con la temperatura un poco en aumento. Es imponente ver la prosperidad de toda esta zona, los condominios y los centros comerciales parecen brotar de a montones. Es todo tan distinto a Vermont… y a la vez, tan parecido. Cruzamos el imponente puente de Sunshine Skyway y justo vimos como estaban reparando algo en los tirantes del centro. De paso, vimos mucho trabajo de reparación y mantenimiento en las autopistas, a lo mejor es lo normal, pero nunca antes lo habíamos notado tanto.

Pasando St. Petesburg el puente paramos en la orilla de la bahía y vimos un grupo grande de kitesurfers que aprovechaban el viento y me dieron la oportunidad de tomar algunas fotos interesantes en colores azules y plateados. Seguimos en dirección sur hacia Sarasota, linda ciudad donde las camionetas te cruzan el semáforo arrastrando grandes lanchas. Cerramos el paseo comiendo en un Taco Bell donde no sé si me equivoqué en la maquina para armar el pedido pero no me pusieron nada de guacamole.

Volvimos al hotel surfeando un par de congestionamientos. Mañana es un día de parque así que mejor que nos agarre descansados.



30 de enero, Orlando


No fue fácil dejar Magic Kingdom afuera del plan elija dos disney parks. La verdad que preferí Holly Studios, aun cuando no hacía mucho que lo habíamos visitado, por la novísima land  de Star Wars (Stars Wars Edge) que estaba dando que hablar. Tenía el dato que una de las atracciones, Rise of the resistance, estaba complicada de hacer por la demanda. Hasta hace poco tenían cola virtual, pero ahora ya no. Además, ahora la opción del Fast Pass es paga y había que decidir si valía la pena. Al final pensamos que sí, que total por un solo día, valía la pena gastar un poco más en eso (y ahorrar en otras cosas) para pasar el día ahorrándonos las colas insoportables. 

El tema de la entrada a los parques, está totalmente digitalizado actualmente y se combina con el uso de una app. No es que sea difícil, pero en algún punto tanta tecnología me pegó un poco la nostalgia de los cupones para una determinada cantidad (y tipo) de atracciones que recuerdo existían en Disneyland, a principios de los ochenta. Era la forma en que el parque regulaba el flujo de gente… claro, hoy sería imposible un sistema así. Cada vez es más grande todo y hay más personas y más atracciones y más opciones…

En fin, vuelvo a Star Wars y hago mis comentarios:

La land es espectacular. Nivel Disney en todos los detalles. Me pareció impecable (a mi), no me quiero imaginar lo que debe ser para un fan de Star Wars.

Rise of the resistance: es muy imponente la puesta en escena. Animatronics, varios stages, anfitriones teatrales, un diez. El ride en sí mismo es bastante tranquilo aunque tiene algunos momentos más movidos. La animación 3D es siempre a través de las ventanas de manera que es una inmersión bastante cómoda en ese sentido.

Millennium Falcon: es un simulador más tradicional. Los que van adelante, como pilotos, seguramente tienen una experiencia más divertida. A nosotros nos tocó al fondo, como ingenieros… y la experiencia visual está más restringida. 

Y después, está el Star Wars Tour, que es un viejo simulador, que ya hicimos otras veces y no sé por que quedó medio afuera de la Land. El viejo simulador no es 3D pero sigue siendo bueno y el guión está bueno. Me pregunto si MIlenium va a sobrevivir tan bien el paso del tiempo.

El resto del parque sigue hermoso. Hicimos el Coaster de Aerosmith, el Ascensor del terror, la montaña rusa de Toy Story, vimos otra vez el show de Indiana Jones (confirmamos que el show lo van cambiando), no nos perdimos nada.  Hay una nueva atracción en el teatro chino que es realmente hermosa. Es un slow ride que crea la ilusión de sumergirse en una animación de Mickey Mouse. Es muy linda…

Empezamos muy temprano y nos quedamos hasta ver Fantasmic. Hicimos muchas fotos divertidas con la app de Realidad Aumentada que venía con el Fast Pass. Fue un día hermoso, una buena despedida.






miércoles, 25 de enero de 2023

Houston, we have a problem here

24 de enero 2023, Houston

La salida de New Orleans fue tranquila y con algo de sol. Casi que no reconocíamos el auto cuando lo trajeron de valet parking… la Toyota estuvo estacionada durante toda nuestra estadía… así que tratando de familiarizarnos con la tabla de comandos salimos en dirección oeste entre puentes, pantanos y un paisaje muy, muy parecido a la papa húmeda. Paramos en un visitor center de Louisiana muy lindo y con una anfitriona cordial que al menos sabía dónde quedaba argentina. Más adelante ya pasando la frontera con Texas comimos en un Taco Bell y no sé si era que teníamos mucha hambre pero estuvo buenísimo. Nos hicimos una mini degustación de salsas picantes. Y eran picantes nomás.

Después, empezó a llover, primero fuerte, después muy fuerte. Dijimos, qué bueno que no nos asustan las tormentas. Después empezaron a caer los rayos y se empezó a poner bastante feo. De remate, empezó a sonar una alarma en el teléfono con un mensaje de advertencia que indicaba buscar un lugar seguro. Para esa altura ya no se veía casi nada y no sabíamos qué hacer. Estábamos a solo a 9 millas de destino. Nos pegamos a una camioneta que iba delante y que al menos marcaba para donde seguir. Fueron 15 o 20 minutos complicados que nos dieron bastante miedo. Adrián transpiraba y yo temblaba. Gracias al gps embocamos la salida y de pronto  vimos la silueta del hotel al lado de la bahía en medio del diluvio



Llegamos agotados pero a los minutos paró la lluvia y empezó a despejar. Ya en la habitación en The Weather Channel vimos que a la tormenta la llamaron Kassandra. Rompió unas cuantas cosas y va camino a New Orleans. Ojalá se esfume del todo.


25 de enero, Houston

Hace frío, más frío del que imágnabamos a esta latitud. Pero amaneció despejado y no nos abrigamos lo suficiente. Pasamos frío en el Space Center, no nos imaginamos cuánto podía destemplar el viento. Arrancamos a primera hora la visita al centro de la NASA que Houston que prácticamente queda al lado del hotel. Había poca gente, es un museo interpretativo pequeño si se lo compara con las instalaciones de Cabo Cañaveral. Es algo más destinado al público local, había por ejemplo, grupos de niños en visita didáctica. En general, no había demasiada gente, por suerte para nosotros.

Entre las cosas que vimos destacaría:

— La sala original del seguimiento de las misiones Apolo. Resulta admirable cómo se animaron a ir con una tecnología que nos resulta alarmantemente obsoleta.


— Áreas de trabajo y entrenamiento para la ISS donde se veía gente trabajando en vaya a saber qué…

— Una charla simpática en vivo sobre la vida en la ISS

— Una instalación tamaño real de un Jumbo con el shuttle montado al que se podía entrar


Y, otras cosa también, muchas interactivas y audiovisuales, sobre todo lo dedicado a Artemis. Se nos pasó rapido todo el día, tanto que casi nos cierran la puerta en la cara que ni le dimos mucha bolilla al gift shop. 

Lo que quedaba de la tarde, como ya no alcanzaba para ir a Downtown, hicimos una escapadita en auto hasta la isla de Galveston y nos pareció hermoso el golfo de México a la puesta del sol, las mansiones que no esperábamos ver y puentes modernos conectado autopistas faraónicas. De regreso al hotel  vimos las refinerías sobre el horizonte como ciudades monstruosas de fuegos y torres.




lunes, 23 de enero de 2023

Antebellum mansions y un hotel embrujado

 23 de enero, 2023

Hoy amaneció grandioso día de sol. Ya teníamos tachado el barco a vapor y otras excursiones acuáticas, un poco porque no había disponibles y si las había el google review no nos cerraba y también, digamos todo, está todo re caro (o nosotros estamos re pobres). Así que salió tranvía (que ayer habíamos sacado ticket por dos días) y fuimos a conocer las mansiones de Garden Street. El distrito queda cerca del cementerio de Lafayette (al que no entramos pero vimos y es más o menos igual que todos los cementerios por aca) y, después de tomar un café bastante aceptable en zona, empezamos a caminar entre antebellum mansions (les llaman así a las casonas lujosas de antes de la guerra de secesión) en su mayoría restauradas o en restauración que son un despelote.



El paseo bajo el sol nos resultó divino. Volvimos con el mismo tranvía en dirección contraria para el hotel, donde nos cambiamos un poco la ropa porque estábamos demasiado abrigados para el solcito sureño. Almorzamos liviano muy rico en un patio de comidas con banda en vivo y sin mucho plan por delante, optamos por sentarnos frente al Misisipi a ver pasar los barcos. Vimos barcos de carga (uno era chino), un crucero que venía de Cozumel, un par de lanchas, gaviotas varias y el barco a vapor turístico que estaba amarrado en el mismo lugar.



Volvimos a eso de las 16 al hotel para comer los tradicionales sándwiches de mermelada de maní que sirven acá en Le Pavillon. Este hotel es un hotel recontra viejo e histórico que tiene algunas tradiciones como esta que no nos queríamos perder. De paso, nos tomamos un ratito para recorrer las instalaciones porque se dice que es un edificio con fama de embrujado… y por cierto, la decoración es bastante creepy. Pero al parecer, para ver fantasmas, hay que creer y la fé no es algo que nos sobre por acá.



Ya perfilando la puesta del sol, fuimos a despedirnos de Bourbon St. tomando unos tragos a base de ron y escuchando la música increíble que dispara esta ciudad por todas partes. Mañana nos vamos.


domingo, 22 de enero de 2023

Cosas ricas y turismo creepy

 22 de enero, New Orleans

Llovió durante la noche, o por lo menos cada vez que me asomé a la ventana. Estamos en un piso cinco, pero esto no es Nueva York, así que es bastante alto. Podía ver la lluvia pegando en las ventanas y sobre los faros sobre Poydras St. Pero a la mañana ya no llovía aunque el pronóstico no era muy prometedor, al menos no tanto como para tomar el barco a vapor sobre el Misisipi. Así que salimos temprano a tomar un Cafe du Monde, a ver si lo lográbamos sin hacer cola. Y tuvimos suerte y hasta nos sentamos. Pedimos dos cafés con las famosas bignietes que, digamos todo, son tortas fritas con mucho azúcar impalpable. Pero estuvo bueno, sobre todo porque había una banda en la esquina justo frente a Jackson Square que nos hizo la mañana.

Para sortear la tormentita anunciada, optamos por meternos en el museo presbiteriano (Presbyterian Museum de Louisiana). Fue una gran decisión. La primera parte, dedicada al huracán Katrina, estaba llena de información técnica y emocional sobre el huracán más tremendo que azotó la zona. Buenas lecciones sobre los riesgos de no planificar y no hacer caso de lo que dicta el análisis. Ni hablar de los efectos del calentamiento global. El segundo piso, dedicado exclusivamente a las tradiciones relacionadas con Mardi Grass, los bailes de máscaras y los parades. Una vista linda y a tono con lo que uno espera de un museo ordenado y pensado con buen criterio artístico.


Cuando salimos ya había parado de llover, pero teníamos hambre. Nos metimos en un restaurante en la esquina de la plaza que se llamaba Stanley y probamos el Gumbo, un guiso típico (yo pedi la versión vegana, por las dudas) que es muy, muy rico. Quizá parecido a un guiso de lentejas nuestro, pero condimentado como los dioses.

Salimos de comer y nos metimos en la Iglesia de St. Louis. Es una basílica católica más parecida a las que vimos en Canadá que las que uno vería en latinoamérica. Tenía un monumento a Juan Pablo II y había sido bendecida por Francisco.


Para cuando salimos de la iglesia, había algo de sol. Caminamos hacia Canal St. y tomamos un tranvía (acá los llaman street car) para la zona de los cementerios. En realidad buscábamos el cementerio de St. Louis pero fuimos para otro lado bastante más lejos y bastante creepy donde hay varios cementerios juntos; Green wood, Cypress Grove, St. Patrick… las tumbas parecen todas bóvedas con monumentos muy cuidados y se ven directamente porque no hay paredones. Como nos dimos cuenta del error y estábamos bastante lejos, nos tomamos en seguida el tranvía en dirección contraria y volvimos. Nos orientamos mejor y nos bajamos cerca del cementerio de St Louis que encontramos fácil esta vez, sin embargo, no vimos mucho porque tiene muros cerrados… y te cobran una entrada de 25 dolares que ni locos íbamos a pagar. El cementerio es el más viejo de la ciudad y tiene muchas historias seguramente interesantes, pero que sé yo… nos pareció mucho.



Seguimos de largo entonces para el barrio francés nuevamente ahora haciendo la Royal St. hasta el fondo.

El objetivo era encontrar a Lalaurie Mansion una casa embrujadísima que nos pareció de lo más linda y nada creepy.


Volvimos caminando con la luz de un atardecer hermoso y nos sentamos, café y chocolate en mano a ver los barcos navegando el Mississippi.


Cenamos unas espinacas a la crema que estaban espectaculares en un lugar más o menos cerca del río, porque nada nos cerró en Bourbon St.: demasiado ruido, demasiada euforia.


sábado, 21 de enero de 2023

Jazz y una muela rota

 Llueve, no llueve, va a llover. El pronóstico es incierto y nos cuesta decidir qué hacer, así que salimos sin plan a caminar por el French Quarter. A medida que iba avanzando la mañana empezamos a ver la acumulación de turistas. Algunos balcones tienen la decoración típica de Mardi Grass… y algunos otros aún la de navidad. Como sea, acá los colores son verde, violeta y dorado… y no están en la bandera, pero como si estuvieran.



Estuve buscando sobre por qué esos colores y se dice que el violeta representa la justicia, el verde la fé católica (Lousiana fue colonia Francesa — un tiempo española, también — hasta que Napoleón se la vendió a EEUU en 1803 por 15 millones de dólares) y el dorado, el poder. La zona turística es muy pintoresca, por todas partes se siente el olor agradable de la comida muy diferente a cualquier otro lugar de EEUU que yo conozca.


Pasamos la mañana sacando fotos a los balcones, metiéndonos a chusmear en las tiendas donde venden condimentos, muñecas listas para el voodoo y máscaras de carnaval.

Hay una plaza, Jackson Square, al estilo español, con la iglesia y el cabildo. Resulta raro ver ese layout con la bandera de EEUU. Por todos lados se escucha música, rock, jazz… y algo de rap también. Los turistas están por todas partes, muchos con disfraces y boas de color, como preparados para un carnaval fuera de temporada.



Como temíamos lluvia (no sucedió al final) nos metimos en el Museo del Jazz. Quizá lo más interesante para ver ahí es una trompeta que, supuestamente, fue importante en la formación musical de Louis Amstrong. Algo inesperado fue que justo hay un Festival de Cigar Box Guitar y con entrada al museo pudimos ver un pequeño concierto. Escuchamos a un músico muy joven haciendo rock, jazz y blues. Un crac. Sobre el escenario contó algo sobre estos instrumentos de fabricación casera y artesanal que suenan increíbles. A la salida había subasta de algunas de estas guitarras de cajas de cigarrillos en subasta. La mujer que atendía el stand nos animaba a probarlas pero me dió miedo…



De vuelta al hotel se me rompió una muela y entré en pánico. Adrián fue a comprarme algo al Walgreens porque me empezó a doler. Me consiguió una pasta para arreglos provisorios. Espero resistir hasta la vuelta.


viernes, 20 de enero de 2023

Un indio fan de Messi en New Orleans

 Amaneció bastante despejado para lo que venía. Como el aeropuerto de Newark quedaba a solo unos 15 minutos pudimos hacer los trámites de dejar el auto con mucha calma y sin correr. Salíamos en vuelo de United por la Terminal A, que es nueva y realmente hermosa.

El vuelo fue tranquilo, un poco menos de unas cuatro horas y llegó a New Orleans a horario. Tomamos el auto de alquiler y entramos a la ciudad por la autopista. El paisaje es llano y lo más parecido a la pampa húmeda que ví fuera de Argentina en mi vida. Pero todo es grande y enorme como todo en EEUU.




Sin embargo, el carácter de New Orleans es muy distinto a otras versiones de EEUU. De entrada, llaman la atención los cementerios al margen de la autopista, con bóvedas construidas al estilo latino, pero sin paredones y rodeadas de pasto, más al estilo inglés. Ya después, dando una vuelta por la zona histórica (French Quarter) vimos un poco más las postales típicas que Disney recrea con mucha más prolijidad en Disneyland.



De camino de regreso al hotel nos metimos en un bar a degustar unas cervezas mientras una banda tocaba jazz. Nos sentamos en la barra. Un muchacho nos preguntó por la degustación de cervezas que habíamos pedido. Resultó que el muchacho era indio (hacia 15 años que vivía en New Orleans) y tremendo fan de Messi. Se emocionó tanto con que éramos argentinos que nos invitó a las cervezas y nos dió charla de fútbol por un buen rato. Que locura. Nos dijo que en india juegan a cricket por dinero pero que a todos les gusta mas el futbol. Que se dividen entre hinchas de Alemania, Brasil o Argentina y que él había sido desde siempre hincha de Argentina. Y que había seguido los nuestros festejos y hasta la llegada de Messi a Rosario.



Volvimos caminando mientras caímos en la cuenta de que estamos alojados en un hotel histórico con fama de embrujado. Por cierto, el hotel Le Pavillon  es un poco estrafalario. Pero ya escribiré luego sobre eso… hoy estamos re cansados!