miércoles, 27 de enero de 2021

woooow wooow woooooo: hay cosas lindas, pero el Hornocal...

 Huacalera, 6 de octubre de 2019

Lo que me dolían los cuádriceps no tenía nombre. Igual, deasayuno mediante, juntamos fuerzas para seguir. No nos costó demasiado. El menú del día era más bien atractivo.

Salimos camino a Humahuaca que queda unos pocos km al norte. El camino todavía no se despejaba completamente pero teníamos cierta hipótesis de sol así que seguimos muy optimistas. La entrada a Humahuaca nos pareció algo extravagante con unas luminarias de diseño relativamente modernoso. A la entrada nos atajó un guia turístico que nos vendió un folleto turístico. Nos ofreció también una excursion en 4x4 al Hornocal. Le dijimos que quizá y en cuanto pudimos despegarnos, entramos en la ciudad. Vimos primero la estación del Automóvil Club y una plaza chiquita, que no era la plaza principal. Humahuaca, a primera vista, es más rústica y está menos producida que Tilcara. Aunque turismo, claramente, no falta. En la terminal averiguamos, teníamos el dato, por otras alternativas de excusión. Un chico muy amable nos ofreció subida y bajada a al Hornocal a un costo más bajo. Era una viaje compartido con otros pasajeros un poco más corto. Pero nos pareció conveniente. No les pido seña, nos dijo. Yo trabajo con la confianza. Ustedes están acá a las 14 y salimos. Cerramos trato y nos fuimos a pasear aprovechando las indicaciones de Ignacio, que asi se llamaba el chico que nos ofreció la excusión.

Fuimos para la plaza principal donde vimos el cabildo. La puerta del Santo estaba todavía cerrada, asi que fuimos por el monumento del Indio que subimos con algo de esfuerzo considerando que las aventuras del día anterior nos habían dejado bastante destruídos. Es una pena ver que algunas piedras están vandalizadas con leyendas estúpidas en liquid paper, pero ignorando la cuestión, el monumento es imponente y tiene cierta mística.


Monumento al Indio, Humahuaca


En el lado posterior del monumento, como escondido de la vida, está el cementerio y también, unas cuantas antenas, curiosas por cierto, ya que el 4G brilla por su ausencia. 


Monumento al Indio, Humahuaca


Bajando del monumento hicimos algunas compras. Una señora me perseguía bastante intensa hasta que le compre caramelos de coca y unas muñequitas. Esta gente entrena en Turquía, pensé. Por cierto, si no te venden, te venden. A todo esto, estabamos flojos de efectivo y tratamos de sacar cajero en el único cajero del pueblo… sin éxito. Medio frustrados, nos fuimos a tomar un té de coca con bizcochos a un muy lindo restó que tenía tarjeta y wi fi hasta que se hicieron las 12 y fuimos para la plaza a ver al santo mecánico que absolutamente puntual sale a darl la bendición.



El saludo del Santo mecánico


El show tiene su magia, acompañada por la música que la Iglesia convida para darle una atmósfera mística al robot de madera. Los turistas se agolpan en la plaza y todos somos parte del espectáculo.

De allí nos fuimos para la terminal y en la cuatro por cuatro que nos llevó de excursión. Nuestros acompañantes fueron una obstétrica de Buenos Aires, quizá jubilada que viajaba sola y una pareja más o menos de nuestra edad de Río Negro. El camino fue ameno, pero menos mal que no lo hicimos con el auto de alquiler porque era bastante complicado. No solo por el ripio sino por lo empinado de las curvas cerradas. Hicimos una parada en el mojón delos 4000 metros.



Camino al Hornocal, a 4000 metros


Al llegar a la zona, como es territorio de una comunidad india, te cobran una entrada (20 pesos por persona) para entrar al mirador. El mirador casi no tiene más servicios que una letrina precaria. Hay, eso sí, una ambulancia del SAME por si alguien se descompensa. La altura no es joda. Pero a decir verdad, nada de esto es muy importante. La montañas de los catorce colores (no los conté, pero para mí son muchos más) es un de una belleza insolente. Es de esas cosas sque valen la pena ver en la vida. Todo es un ooooohhh, ahhh, no te puedo creeeer, wow, etc, etc. Hay un camino para bajar y acercarse. Intentamos hacer la primera parte pero estabamos justos con el tiempo. Bajar era más o menos facil pero volver a subir con 4000 metros, te dejaba sin aire. Así que bajamos lo sufiicente pomo para sacar un par de fotos pero no mucho más. Después nos quedamos contemplando tanta maravilla mientras veíamos un par de turistas gallegos haciéndose los cancheros y temrinando en la ambulancia del SAME. También un gringo que saltaba como loco y que no le pasaba nada. Se ve que tenía mucho estado físico o estaba totalmente adaptado.


woo ohhhhh ohhhhh, el Hornocal. La foto no le hace justicia.


Cuando fue la hora volvimos a la cuatro por cuatro para volver a Humahuaca. El viaje fue rapido. Llegamos a eso de las 15 y pico y buscamos el mismo restó con tarjeta en el que habíamose estado a la mañana y comimos muy rico empanadas y quesillo de cabra. Nos quedamos un buen rato en el patio mirando los árboles,los pajaritos y el sol que se colaba entre todas esas cosas. Después, volvimos para el cajero a ver si se producía el milagro y ¡aleluya! pudimos retirar un poco de efectivo.


Restó de Humahuaca

Dimos una última vuelta por las calles empedradas con toda la intención de entrar a la iglesia y ver el famoso altar de oro, pero estaba cerrada. Pendiente para la próxima. Entonces pensamos en volver, agarramos el auto y nos fuimos otra vez para el sur. Como nos había quedado pendiente conocer Paleta de Pintor en Maimará, decidimos ir ahi. EN realidad lo habíamos visto varias veces desde la ruta, pero pensamos que era buena idea subir a un mirador y eso hicimos. A mi me dió bastante vértigo porque había empezado a soplar el viento y ese mirador no tiene baranda. Así que saqué una foto con miedo y bajé rapido. Lo que hicimos fue, entonces, meternos dentro del pueblo. Ahi pudimos ver las V invertidas de colores con más tranquilidad y discutir por enésima vez como es que eso se forma. Queda pendiente investigar eso, ya que los lugareños no son muy de dar explciaciones geológicas… Y vimos hasta un partidito de fultbol al pie de la Paleta del PIntor, quizá, un clasico de Maimará.


Paleta de Pintor, Maimara


Lo que siguió después fue volver para el hotel. Nos quedamos descansando un rato hasta que anocheció. Entonces intentamos algunas fotos nocturnas ya que estaba muy despejado. Pudimos captar la via láctea, aunque no tan bien como habíamos imagiando porque la luna todavía esta bastante fuerte y con tanta luz, el cielo se complica para las fotos...


My god, it's full of stars!


Quizá estoy apunada

Huacalera, 5 de octubre de 2019


Hoy me levanté con dolor de cabeza. Es que ayer estábamos muy cansados por eso no escribí así que hoy tengo el trabajo escribir sobre dos días en realidad. Me pregunto si estaré apunada, en realidad. Como sea, acabo de tomar ibuprofeno con el desayuno. Ayer fue un día largo  e  intenso.

Empezamos tempranísimo porque teníamos vuelo a las 5 de la mañana. Así que casi no dormimos. Salimos con lluvia de aeroparque, el Embraer se movió un poco pero tenía tanto sueño que ni me importó. En el vuelo, creo que dormité alguito hasta que la azafata me preguntó si quería café. Y me tomé café. Y volví a dormitar con café y todo. Abajo, puras nubes, no parecía muy prometedor. Aterrizamos en el aeropuerto de San Salvador que nos sorprendió gratamente por su modernidad, al parecer es muy nuevo y muy lindo.


Aeropuerto de Jujuy


Nos esperaban con un cartelito de la agencia de alquiler de autos y así nomás con un tramíte mínimo ya estabamos en camino a nuestro destino rogando que se despejara… y empezó a despejar. 


Enganchamos la ruta 9 hasta Purmamarca y para entonces, ya había salido el sol. Tomamos un café con leche para terminar de despertarnos. Lo logramos totalmente cuando vimos los colores de Purmarmarca. Sí, había despejado. Le pregunté a la chica del café por qué la montaña era verde y me dijo que no tenía idea. Después averiguo en Internet, le dije, porque algo tenía que decir. En efecto, después supimos que era por el cobre. Los colores de las montañas en Jujuy son impactantes, calculo que inspiran a toda su industrai textil tan arcoíristíca. A mi me encanta.

Purmamarca
Llegando a Purmamarca

Purmamarca es mas cool que Palermo. Nos pareció hermosa. Estuvimos dando vueltas por el mini pueblo turístico. Caminamos por la feria y compramos algunas cosas, entre ellas, un sweter que me encandiló a primera vista.


Cerro de los siete colores


Cuando nos quisimos acordar, era hora de almorzar. Entramos a un restó muy  turístico donde comimos humita en chala y quesillo de cabra. Aprovechamos también para cargar los celuares porque el cargador del auto no hubo forma de hacerlo andar. Luego subimos al cerro de los siete colores. Es un sendero cortito por el que te cobran una pequeña entrada. La verdad que vale la pena. 


Desde arriba del cerro 

Bajando del cerro pensamos en ir a las Salinas, pero estábamos demasiado cansados, así que decidimos ir para el hotel en Huacalera. No puedo contarles mucho del camino porque venía cabeceando de sueño. Casí ni vi cuando pasamos Tilcara. Cuando llegamos al hotel, por cierto, muy lindo y puesto a nuevo, optamos por descansar un rato. A la tarde fuimos hasta el mojón del trópico de Capriocornio que queda a unos pocos metos del hotel para sacarme una foto histórica 43 años después. 

1977

2019


Y después de un paseo mínimo por Huacalera, vovimos al hotel tomamos te de coca con alfajores de cayote. Nos quedamos descansando hasta la cena. Ahi nos castigamos con un plato de quinoa espectacular.


Dormimos profundamente mas de 9 horas. Me desperté con dolor de cabeza. No sé si estaba apunada o resfriada. En cualquier caso, lo resolví con ibupofreno. En un rato ya me sentía mejor y decidimos ir a Tilcara. Estaba nublado y eso nos desanimó un poco, pero la recpecionista nos advirtió que en Jujuy el sol siempre sale.


Tilcara está a unos pocos km de aca. El pueblo es chiquito — no tanto como purmamarca — pero es muy pintorezco. DImos una vuelta con el auto y enfilamos para el Pucará. Ahi nos recibió un indio con vincha que nos invitó a  estacionar en su casa por contribución a voluntad. Aceptamos la propuesta y le consultamos sobre la garganta del diablo. Nos dijo que fueramos con el auto que no era tan dificil si no nos daba vértigo. La vista al Pucará la hicimos con un guia de orientación arqueológico. Daba buena información aunque con mucha bajada de línea ideológica. A mi me pareció divertido. Una chicas muy pogres se entusiasmaban con el relato mientras que a otras dos no les interesaba mucho. Fue diverido cuando dijo que la arquelogía se basaba en evidencias, no como la antropología que deliraba un poco. No sé si a las chicas entusiastas eso les gustó mucho. Entre algunas cosas interesantes que contó y que no sabía fue que las llamas son el resultado de la selección artificial de los guanacos, bichos salvajes que no son para nada domésticos. Le conté al guia que yo había estado ahi cuando tenía siete años y me dijo que si tenía fotos que se las mandara. Me pareció copado.


En el Puracá de Tilcara


Después, siguiendo el consejo del guía indio, nos fuimos para la cascada. La subida fue complicada, más de lo que esperábamos. Casí que nos arrepentimos. La cascada esta adminsitrada por una comunidad india y sale unos 50 pesos la entrada. Al bajar, nos equivocamos de camino y llegamos a una zona de derrumbe. Para salir tuve que agarrarme a una planta pinchoza y me enganché el sweter que me había comaprado en Purmamarca. Salimos como pudimos agarrando piedras hasta darnos cuenta de que el camino, de unos 600 metros, era para el otro lado. Ese caminito sí que era lindo. Un trayecto de piedras recorriendo el arroyo hasta las cascada nos pareció encantador. A la vuelta, dos chicas de San Isidro nos pidieron si las alcanzabamos hasta el pueblo, había subido caminando y ya no podían más. La vedad que subir caminado desde tilcara es una locura…


Cascada


En Tilcara, aunque ya era medio tarde, almorzamos en un lugar muy lindo. Después de que nos fuimos, cerraron el restaurante. Cuando terminamos de comer decidimos seguir al sur para las Salinas, ya que no lo habíamos hecho ayer. Si bien la distancia es poca, el camino fue complicado porque nos agarró una nube. En un momento no se veía nada de nada. Y fue para tanto que dijimos: "5 km más. Si no cambia, nos volvemos". Y cuando llegamos al km 35, un poco antes del mojón de los 4120 metros, se despejó. Ahi mejoarmos la veloducidad y llegamos a eso de las 1730 a la salina. A la salina solo se puede entrar con un guía y la vista sale 300 pesos por auto. El guia era un lugareño amable que nos mostró los pozos donde se cristaliza la sal para consumo humano, pozos naturales y nos contó que las formas pentagonales y hexagonales del suelo se deben a la forma de los cristales.


Cristales hexagonales

También nos contó que cuando empieza las lluvias en diciembre ya no se pueden visitar. Y que para marzo y abril, hay menos viento por lo que la salina está muy blanca y no amarronada, como la vimos nosotros.



En las salinas

Había un viento de locos, parece que el viento levanta por la tarde, como en Villa Gesell. Así que no nos demoramos mucho y empezamos a volver. La vuelta fue complicada, porque además de la nube había una caravana de camiones. 

Llegamos al hotel para cenar. Y cenamos piponamente con las piernas muy cansadas.



domingo, 13 de octubre de 2019

Desde el avión

En el avión de Delta, 22 de enero

Como el vuelo salía por la tarde, aprovechamos para pasear un poco por la mañana, hicimos algunas compras y finalmente, recorrimos el resort… en el que estuvimos poco y nada. Si bien hacía cierto frío como para aprovecharlas, hubiera sido más que lindo ir a las piletas o disfrutar algo más. Había juegos de todo tipo… hasta un mini golf. Nos contentamos por caminar por el complejo y visitar sus lagunas artificiales. A simple vista parece que hay muy poca gente, pero si miramos la cantidad de autos, más cabe pensar que no es tan así. Sospechamos que en agosto el lugar debe explotar de visitantes. Estamos en baja temporada, pero todo está preparado para multitudes siderales. Quizá Orlando sea el lugar más turístico del planeta.


 Almorzamos en uno de sus restaurantes viendo lo precioso del día hasta que se hizo la hora de ir para el aeropuerto. Hicimos los trámites bastante rápido y tomamos el avión para Atlanta. El vuelo apenas duró una hora. En Atlanta esperamos unas tres horas para la combinación. La salida de EEUU es rápida, exactamente lo contrario del ingreso. Te pasan por un sistema de reconocimiento facial y te despachan.

Ahora, acabo de poner el mapita de la pantalla, estamos a una hora y media de Buenos Aires. Así que justo termino a tiempo mi diario. Van a servirnos el desayuno.

sábado, 12 de octubre de 2019

I’m not a pet

Orlando, 21 de enero de 2019

Habíamos planeado solo dos días para los parques. Pensamos que era mejor quedarse con las ganas que saturarse. Las atracciones son hermosas pero las multitudes y las colas terminan eclipsando la diversión. Creo que fue una buena estrategia. Así uno tiene todavía ganas de volver y hasta podría decirse que vale la pena. En este plan, el lunes fuimos por la zona de Tampa para recorrer un poco. El día acompañó. Fuimos de visita a un santuario que rescata grandes felinos: Big Cat Rescue. Fue un hallazgo interesante.





Nos recibió un voluntario que nos ofreció una visita guiada. La organización difunde el concepto de que los grandes felinos no son animales domésticos y que cualquier intento de domesticación es una variante de maltrato animal. Entonces, intervienen en esos casos para rescatar al animal y, dado que ya no está capacitado para volver a su hábitat natural, darle una mejor calidad de vida. Sucede que en algunos estados de EEUU es legal tener mascotas exóticas incluso cuando no son usadas con fines comerciales. Hay algunos casos donde reciben animales de otros países también.  El slogan es “I’m not a pet”.


Yaguareté. El mismo del billete de 500 pesos. Este  mismo muchacho fue tapa de la Nat Geo
Vimos un lince canadiense, un yaguareté, tigres, leones, pumas… algunas especies de gatos híbridos. La visita es interesante y el voluntario da mucha información sobre las especies, su comportamiento natural y la historia particular de cada individuo: como llegó al parque, como lo atienden y por qué. Las jaulas son grandes y el entorno está muy cuidado. Hay incluso áreas “de vacaciones” mucho más amplias donde cada cierta cantidad de meses cambian a los animales de a uno para que reciban otros estímulos y puedan variar de entorno por un tiempo. Se sostienen con donaciones, con las visitas guiadas, con la tienda de merchandising. Nos encantó la visita. Más allá de la belleza de los animales, nos pareció muy respetuoso y discreto el trabajo del santuario. Si les interesa el tema, pueden seguirlos en Instagram.
Para el último día, dejamos la visita al Kennedy Space Center que quedaba aproximadamente a una hora del resort.



Desde la última visita, había muchas más cosas para ver y quizá hubiese valido la pena dedicarle dos días ya que varias cosas no llegamos a visitar y eso que el recorrido del tour fue más breve ya que a causa del Shut Down había algunas áreas que no estaban funcionando... estimamos que por reducción de las áreas de seguridad. De hecho, las atracciones del centro no se mantinen con fondos de los contribuyentes (se encargan de aclararlo muy bien) sino con los ingresos que genera en parque.
Sobre la visita: son highlights el área dedicada a las misiones Apolo, que ya conocía pero que tenía algunas mejoras, creo, desde la última vez. Hay todo un sector nuevo dedicado a los Shuttle, que es muy, muy interesante. El Atlantis está exhibido con casi todas sus partes originales en el centro del salón y resulta algo emocionante pensar en sus 33 misiones. El área incluye también un memorial donde hay fragmentos recuperados del Challenger y del Columbia, todo un rincón dedicado a la vida en la estación espacial, y un simulador de despegue, con buenas explicaciones… porque convengamos que podrían haber hecho sacudir un poco a la audiencia sin dar muchos detalles, pero los aspectos educativos del centro no están nunca en un segundo plano.
Después hay otras atracciones, me interesó especialmente todo le dedicado a la exploración de marte, proyecto en curso, donde era impactante ver réplicas a escala del rover, el pathfinder, el espirit… el curiosity…

Cuando nos quisimos acordar, ya se estaba poniendo el sol sobre el contraste de la plaza de los rockets, así que nos fuimos despidiendo no sin antes visitar la tienda de merchandising que fue toda una tentación. Compré varias chucherías.

viernes, 2 de agosto de 2019

It’s my birthday

Orlando, 19 de enero
El plan para el 19 fue visitar Disney Hollywood Studios. Habíamos calculado que por ser sábado habría mucha gente, así que nos armamos de paciencia. Como era mi cumpleaños, lo primero que hice es conseguir mi pin de “It’s my birthday”, lo cual fue muy divertido.
— Happy birthdaaay!
— Thank youuuu!




Nunca me saludaron tantas veces en mi vida. También fue awesome ver que había mucha gente que también estaba de cumpleaños. Bueno, técnicamente uno de cada 365 visitantes del parque. Y por cierto, había mucha gente.

Esta era la cuarta vez que visitaba el parque. La primera vez, fue en 1989, al día siguiente de su inauguración. Me acordé cuando ví sobre una baldosa del clon del teatro chino manos y pies de Mickey y la fecha: 1 de mayo de 1989. Desde entonces ví muchos cambios. Por empezar, se llamaba Disney MGM Studios y estaba mucho más orientada a mostrar la industria de la animación si mal no recuerdo. Y según lo que creo recordar el Show de Indiana Jones, al estilo de las visitas a Universal en Los Ángeles, se mantiene desde entonces (y sigue siendo efectivo). El famoso ascensor del terror (en rigor, The Twilight Zone Tower of Terror, que también está en California) me pareció menos tremendo esta vez que las anteriores… quizá porque subimos al final del día, después de haber subido a la Rock'n' Roller Coaster  (la de Aerosmith) que acelera de 0 a 100 kilómetros en tres segundos (o sea cinco veces las fuerza de gravedad) que una de las cosas más fuertes que sentí en mi vida. De hecho, fue a la primera atracción que subimos ni bien abrió el parque… porque como no teníamos Fast Pass… Y debo contar que fue una situación muy bizarra. Ni bien abrió el parque, éramos varias decenas de personas caminando en grupo como al inicio de una maratón. Un anfitrión de Disney parado en primera línea caminaba hacia atrás para evitar que fuéramos en avalancha hacia la atracción. Así y todo llegamos primeros… subimos al primer carrito. Para mi gusto no fue lo ideal, porque no vimos el show previo de tres minutos que que le daba argumento a la montaña rusa… pero bueno. Era eso u 80 minutos de cola.


Pero la gran estrella del parque es la nueva Toy Story Land (con algunas similitudes con la Cars Land que habíamos visto en California Adventure). Explotaba de gente. Diseñada como si fuera el jardín de Andy, todo se ve desde la altura de los juguetes de modo tal que los visitantes estamos a la escala de los soldaditos verdes. Merece especial mención la montaña rusa, que está ambientada como si fuera un proyecto de juego de Andy.

Esa noche, vimos finalmente el espectáculo de cierre Fantasmagoric, una versión más del Parade pero con efectos especiales basados en proyección sobre el agua y fuego. El espectáculo es imponente y el auditorio es enorme. Literalmente, todo el parque ingresa en un anfiteatro masivo para ver los pases de magia de Mickey Mouse y un desfile de personajes en barcos.
La salida fue en caravana, también. Por suerte no habíamos dejado el auto demasiado lejos (fue buena inversión ambos días pagar por estacionamiento preferencial, porque quedamos agotados).

De allí, dado que era mi cumpleaños, nos fuimos a Disney Springs (que antes era Disney Downtown) y cenamos, reserva previa, en Planet Hollywood. Comimos unos Nachos espectaculares y, como todos los cumpleañeros en el restaurant, tuve mi felicitación en pantalla gigante.

viernes, 5 de julio de 2019

Ocho cosas nuevas que contar de Magic Kingdom

Orlando, 18 de enero de 2019
A Orlando llegamos de noche. Me sorprendió el aeropuerto. La última vez que había estado en ese aeropuerto había sido en 1996 y me había parecido bastante mínimo. Pero se ve que fueron muchos años. Nos resultó gracioso el estilo Las Vegas, las luces, las palmeras… fuimos derecho a buscar el auto de alquiler. No había demasiada gente y tampoco hacía demasiado calor. Hasta podría decirse que estaba fresco. Programamos el gps y nos pusimos a buscar el hotel. Estaríamos en un complejo resort del Sheraton donde habíamos reservado un apart. Lo encontramos bastante fácil. El resort era enorme, a la escala del turismo monstruoso y masivo de la Florida pero casi no pudimos verlo. Estábamos cansados y más vale recuperarnos para los dos días a todo Disney que habíamos planeado.
Fantasyland
El 18 nos levantamos temprano para visitar Magic Kingdom. ¿Qué decir de Disney que ya no esté dicho? Suelo contar cuantas veces visité Disney y esta era mi séptima vez. Cada vez es más grande y hay más gente. ¿Qué cosas diferentes puedo contar?

  1. La App para reservar Fast Pass y organizar el recorrido calculando tiempos de espera en cada caso funciona bastante bien y es una manera de tomar decisiones inteligentes para aprovechar la estadía. 
  2. El ingreso se registra por tarjeta chip (también te podés comprar una pulsera con un cargo adicional) y también a través de una huella digital. Bueno, el segundo día yo tuve algún problema para que me reconociera el sistema y tuvo que venir un supervisor a ver qué pasaba.. pero bueno, todo puede fallar.
  3. La atracción Seven Dwarfs Mine Train es linda. Perocomo no teníamos Fast Pass hicimos casi dos horas de cola y nos predispuso muy mal. Igual, la espera, como siempre, tiene sus atractivos, pero fue demasiado tiempo. No tiene tanta velocidad como otras pero incluye algunas caídas rápidas. La ambientación es muy nueva y se nota la tecnología moderna frente a otra atracciones que ya tienen sus años.
  4. La Splash Mountain sigue siendo una gran atracción y sigue siendo “fuerte” aún cuando pasaron bastantes años.
  5. La Space Mountain no estaba muy oscura. Fue rarísimo. Se veían los rieles de la montaña rusa. 
  6. La Thunder Mountain es mucho más light que la de California. De hecho, varias atracciones nos dejaron la misma sensación. Nos preguntamos si es que Disney World está más desarrollado para incluir a chicos más chiquitos o… simplemente, es que uno se va a acostumbrando a los estímulos.
  7. Los juegos interactivos van ganando terreno. Monster Inc. Laugh Floor va en ese sentido y parece funcionar muy bien.
  8. El cierre, con el mapping del castillo, es imponente. Muy imponente.
    Mapping sobre el castilo en el cierre
En síntesis: Esta lleno de gente que dice que los parques de Disney son una cagada, que no hay que ir porque Chernobyl cultural, etc, etc. No comparto esta opinión. Por algo uno vuelve. Lo de la magia, no es joda. Hay que saberse los trucos. Y ya lo creo que lo logran.

jueves, 4 de julio de 2019

Puesta de sol en Salem

Boston, 17 de enero
Amaneció brillante y azul. Las pistas desde nuestra habitación se veían gloriosas. No es fácil irse un día así. Nos levantamos temprano dada la inercia de la rutina del esquí que todavía tenía cierto arrastre y desayunamos piponamente por la misma causa. Pero teníamos que irnos. Ya habíamos dejado las valijas preparadas, así que metimos todo adentro del auto y salimos en dirección a Boston por el mismo camino por el que habíamos llegado. Había una nueva capa de nieve fresca sobre el hielo de seis días acumulados. Las casitas de madera, los arroyos semicongelados. Hermoso todo. Me da imaginar como será todo esto en verano. Quizá otro tipo de turismo. Otros colores. Otras formas.
Llegamos a Woodstock. La ruta pasa por el medio del pueblo que parece sacado de una serie norteamericana. Me encantan esas casitas de madera, tan bonitas, tan Nueva inglaterra. Es todo tan dibujado que parece una maqueta, un escenario montado para mirarlo y disfrutarlo. La nieve de los alrededores comenzó a desaparecer y cerca del medio día, quizá a mitad de camino, paramos a comer en un Apple Bee, creo que mi cadena preferida por estos años. No sé bien donde estábamos pero era una de esas típicas rotondas americanas en el medio de la nada donde hay de todo. Y siempre hay gente, también. Autos y estacionamientos para autos. Lugares bien gringos donde te atiende una recepcionista añosa y activa que deja pensando sobre la gente mayor que en EEUU sigue trabajando en el trabajo que en Argentina solo tendría un adolescente. No teorizamos mucho sobre las razones de esta cuestión pero pensamos en qué difierente es la vida en EEUU. Llevamos seis años viajando todos los años en vacaciones y recorrimos bastante. ¿Cómo será la vida en estos pueblos? Uno puede imaginar la vida en Boston, en Nueva York, en Los Angeles… porque no será muy diferente de la vida en Buenos Aires. Pero estos pueblos parecen demasiado diferentes a los pueblos de otras partes que conocemos. Son pueblos pero hay de todo y están ceca de todo ¿lo están? A la vez, parecen detenidos en otro tiempo. Me pregunto si hubiera podido adaptarme a vivir acá. ¿Cómo hubiera sido nuestra vida? ¿En que lugar estaríamos? Conozco mucha más gente que fue y volvió que gente que se quedó. Nos encanta EEUU. Pero nos encanta porque es un touch and go. Me hubiera gustado estudiar aquí ¡y como! Pero no sé si a la larga no hubiese vuelto, también. Y discutiendo estas cosas no llegamos a ninguna conclusión, pero si llegamos a Boston. Lo dejamos a mi hijo que ya se volvía para Buenos Aires. Nosotros nos quedaríamos un par de días más. Aprovechamos que nuestro vuelo salía a la noche para dar una vuelta por Salem, a unos 40 minutos de auto.

Salem

Postal de Salem
Lamentablemente el museo de Salem, que vimos que tenía referencias excelentes en Trip Advisor, estaba cerrado los días de semana por mantenimiento.

Salem es pintoresca, tiene todas las marcas de Nueva Inglaterra y sabe explotar muy bien la cosa temática de las brujas, al menos en lo poco que pudimos ver. Pero más allá de la estética brujeril, la cuestión de Salem está muy al día en los tiempos que corren de escraches coletivos y atropellos patéticos a las libertades individuales.

Vidriera en Salem
Igual, lo que domina en Salem no pasa por ahi, la onda creepy es lo que se vende como encanto turístico: bares temáticos, tiendas con objetos esotéricos e irracionales, tarot, quiromancia… quizá el museo aborde la cosa con más seriedad. Nos quedará la duda hasta que alguna otra vez podamos visitarlo. 

Cementerio de Salem
Hay un memorial bordeando un cementerio de lápidas anónimas por la erosión de la piedra. En el memorial, sí, estaban tallados algunos nombres históricos de las famosas ejecuciones. Y había ofrendas en junto algunos nombres. Nada de flores tradicionales, sino ataditos de ramas bastante embrujados.

Ofrendas
No tuvimos mucho tiempo para ver algo más, ya teníamos que volver al aeropuerto. Así que vimos la puesta de sol entre las casitas de madera hasta enredarnos en la turba de pasajeros atascada en las cintas de seguridad. Con el tema de shut down todo parece enquilombado. Cuando pasó mi bolso, el sistema lo apartó para el control manual. El policía empezó a sacar las cosas de mi bolso. Lo primero que sacó es un libro que tiene en la tapa un talibán. Es que estoy leyendo sobre algunas cosas de nuestra vida en Turkmenistán. Por un momento pensé que se me venía la noche. Pero no. El problema era mi ebook, que no lo había separado y saltó en los rayos x…

La espera fue larga y aburrida. El vuelo, repleto. En EEUU los vuelos en avión son como viajar en subte.