6 de enero, en el avion volando a Newark
Deberíamos estar hoy en un outlet camino a Vermont pero pasaron cosas. Por primera vez en tantos años de viaje el avión de Delta no despegó de Ezeiza. Mientras carreteaba por la pista, frenó de golpe y volvió. La explicación del capitán fue que hubo un warning con un sensor, algo relacionado con el freno que requería consulta técnica. Nadie se alarmó, digamos todo. El avión iba repleto, y unos cuantos, ya dormían. Después explicaron que vendrían unos técnicos a revisar y que volverían a cargar combustible. Como 40 minutos después dijeron que la falla estaba resuelta. Algo de unas válvulas que ni en inglés ni en español entendimos qué tenían que ver con los frenos. Pero se necesitaba que la torre de control autorizara el despegue y si eso no era en 15 minutos, la tripulación se excedería de las 10 horas permitidas de servicio y había que cancelar el vuelo. Hubo un confuso grito de euforia de una azafata que creyó que salíamos pero enseguida siguieron bad news. Se cancelaba el vuelo. Nos bajaron por escalera y en micrito a esperar las valijas que tardaron bastante. Para todo esto ya eran casi las 3 de la mañana, el vuelo debía haber salido poco antes de medianoche. Mientras esperábamos empezaron a circular los rumores: que no aceptes hotel porque te mandan a un hotel de mierda en el centro, que Delta no es tan chota para reconocer los gastos si presentas tickets, que te conviene esto o lo otro… en fin. Muy confuso todo y encima, las valijas que no bajaban.
Al recuperar las valijas no se cuanto tiempo después vimos que nos rompieron una, la mía. Estaba renga y no me daba cuenta por que. La arrastré como pude. Volvimos a casa en un remise, rezongando y evaluando alternativas. Nos fuimos a dormir recién como las 4 y media sin saber claramente qué reprogramar ni si era viable nuestra conexión original a Boston.
Nos despertamos con la noticia de que el avión saldría unas horas más temprano pero que no había conexión a Boston que pudiéramos tomar. Cualquier opción siempre era mala si pensábamos que ya habíamos perdido un día donde, como siempre, en nuestros viajes locos de correr todo el tiempo, no hay margen. Así que fuimos al Jumbo y compramos una valija de oferta muy parecida a la que nos partieron en la parte en la que se sostiene una de las ruedas. La valija nueva es un poco más trucha pero no vale la pena gastar mucho en valijas porque siempre te las terminan rompiendo.
Lo que siguió del día fueron varios cambios de horario y combinaciones. Finalmente fijaron las 2 de la mañana y con escala en Atlanta para enganchar a Newark… y de ahí tendríamos 5 horas de auto a Killington. El tiempo de conexión era realmente muy jugado. Cuando llegamos a Ezeiza la cola era infernal pero por haber sido los del vuelo cancelado tuvimos una trato bastante VIP por parte de Delta. Nos dieron prioridad y nos hicieron algunas sugerencias para la conexión, que no nos cerraron un pomo, pero valoramos la intención. Nos dieron un QR con la dirección para hacer los reclamos por los gastos extra — sobre todo por la noche de hotel que perdimos en Boston— y pases para lounge de Latam en la espera. Un detalle, pero bien.
La cola para migraciones era espantosa y ayer ya nos habíamos gastado el fast pass así que nos comimos una hora de espera fácil. A mi, milagrosamente, me pasó bien el chequeo con máquina. Adrian no tuvo tanta suerte. Pero cuando salimos, con todo, todavía teníamos para dos horas y pico más. Así que aprovechamos el Lounge tomando unos Salentein que nos hicieron olvidar las penas.
Finalmente embarcamos. No nos apuramos a cantar victoria e hicimos muy bien. La torre de control tardó hora y pico en habilitar el despegue por lo que terminamos saliendo 330 de la mañana. Eso suponía otra vez recalcular la conexión a Newark. Lo mejor de volar en Delta es que tienes wi fi de calidad sin cargo. Esto nos permitió resolver la situación: en el vuelo que más nos convenía, corriendo como locos, no había lugar, pero si en uno más tarde. Pensamos que la lista de espera era muy jugada y mejor ir a lo seguro. Pero al final, cuando estábamos por aterrizar vimos que había lugar en el que salía más temprano. Quizá porque eran los asientos nro 13 y la superstición yanqui nos jugó a favor.
Corrimos como locos y fuimos los primeros en migraciones. Buscamos las valijas, las redirigimos y cruzamos todo el aeropuerto de Atlanta en el tren circular. Llegamos a tiempo y salimos en horario.